Tauromaquia: arte, tradición, tortura y muerte. Por Camilo Andrés Fajardo-Gómez

Tauromaquia: arte, tradición, tortura y muerte. Por Camilo Andrés Fajardo-Gómez

El reciente fallo de la Corte Constitucional a favor de la fiesta brava en Bogotá ha encendido un sin número de disputas. El espectro del debate abarca desde controversias en torno a la posibilidad de plantear conceptos muy humanos como dolor y sufrimiento en animales, pasando por debates irresolubles acerca de qué es arte y si el arte puede tener alguna relación con la violencia, hasta llegar incluso al novedoso tema de los deberes para con los animales, o bien los derechos de las minorías que gozan de este espectáculo, como recientemente lo defendió Antonio Caballero en su columna. Lo cierto es que respecto a ninguna de estas cuestiones existe una respuesta definitiva. Sin embargo, resulta difícil no reconocer que el centro del debate gira en torno a la realidad del sufrimiento del toro durante la corrida, y a cuál es el lugar que debe tener esta practica en nuestra sociedad: ¿las toleramos en aras a la defensa de las tradiciones, o las condenamos señalándolas como exhibiciones reprochables de violencia que deseamos dejar en el pasado?

Respecto al problema acerca del  sufrimiento del toro durante la corrida no existe una respuesta definitiva. Diversas son las posiciones que argumentan que es suficiente que los animales posean terminales nerviosas para ser susceptibles a la experiencia del dolor, mientras otros señalan que se requeriría también de un cerebro complejo que le posibilitara la experiencia subjetiva de la conciencia del sufrimiento; lo cual no reconocen en los toros de lidia. No existe una respuesta definitiva en torno al problema del dolor y el sufrimiento en los animales, y a pesar de que resulta ser un tema muy interesante por ese camino no salimos de la disputa y la controversia. Lo cierto es que si los toros o algunos animales son susceptibles a la experiencia del sufrimiento no es cosa de hoy, seguramente ha sido o no ha sido así desde siempre.

Lo que si ha cambiado, sin duda, son los principios y sentimientos morales que como seres humanos desarrollamos frente al desconocido fenómeno del dolor animal. Si en algún momento específico la humanidad encontró en este “espectáculo” una experiencia indudable de disfrute y goce estético, los principios bajo los cuales juzgamos el mundo en el que vivimos también cambian y se transforman, incluso hasta llegar a asquearnos hoy ante la tortura y muerte del animal en medio del espectáculo. Bajo esta óptica no tiene nada de absurdo sostener una defensa del espectáculo taurino como tradición centenaria, en aras de los principios de esa sociedad caduca que fallece a nuestras espaldas.  Sin embargo, resulta muy válido también enarbolar los principios de aquellos que rechazan toda expresión de violencia y muerte, incluso a costa de las tradiciones mas entrañables. Así de intensas debieron haber sido las confrontaciones en el siglo XVI en torno a la esclavitud y el alma de los negros. Las circunstancias cambian, aferrarse a la propia opinión en un mundo cambiante resulta un absurdo. 

CAMILO ANDRÉS FAJARDO

Nota: Opiniones de nuestros columnistas invitados no pertenecen ni reflejan necesariamente las opiniones de la Representante Ángela Robledo.  

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