Santos: optimista y mentiroso

El pasado 20 de julio, el presidente Juan Manuel Santos instaló ante el Congreso y el país el último período legislativo. Lo hizo a través de su discurso «Pensemos en grande», con el que aprovechó para presentar su informe con el nuevo eslogan de la campaña para su reelección: «Colombia, un país seguro, moderno y justo».

Fue en el aparte sobre ser un país justo donde se dispararon sus mentiras. Las más cínicas fueron las siguientes: «Soy optimista porque comenzamos a reparar miles de víctimas campesinas en Colombia». Son más de 5 millones de víctimas, muchas de las cuales han venido denunciando que la Unidad de Atención a Víctimas está cooptada por politiqueros y trámites eternos. Este año han asesinado a más de 70 líderes de restitución de tierras, entre ellos José Segundo Turizo, el pasado 15 de julio.

«Soy optimista», dijo Santos, porque se rompió la tendencia de la desigualdad económica y ya «no somos el segundo país más desigual de la región». Pero un reciente estudio de la ONG internacional Save the Children confirmó que somos el tercer país más desigual del mundo para los niños. Y en zonas como el Catatumbo, el 60% de sus habitantes tiene necesidades básicas insatisfechas, según el gobernador Edgar Díaz.

«Soy optimista», repitió Santos, porque casi 9 millones de niños y jóvenes estudian gratis. Sin embargo, el presidente olvida que, según datos del Banco Mundial, en los últimos años bajó el peso de la educación en el PIB. En el sur de Bolívar, en 11 municipios cerca de 18 mil niños duraron casi un semestre sin escuela; en Córdoba, 12 municipios con 17 mil niños sin educación, e igual situación se presentó hace poco en Caquetá, cuando maestros y padres de familia salieron a exigir el derecho a la educación para más de 9.500 niños.

En cuanto a la educación superior, Santos también declaró su optimismo, al anunciar la creación de 300 mil nuevos cupos, supongo que entregando créditos del Icetex a los más pobres. Pero, los aportes de la Nación han disminuido en los últimos 10 años, pasando del 0,51% al 0,39 del PIB %. ¿Olvidará el presidente que estamos entre los cinco países con menor cobertura en educación superior de América Latina? ¿Recordará que solo el 37% de los jóvenes están en instituciones de educación superior? ¿No se habrá dado cuenta que la Universidad Nacional, nuestra Alma Máter, se cae -literalmente- a pedazos?

El cinismo de Santos continuó al referirse a sus logros en materia de salud: cobertura universal, ampliación del plan de beneficios y control a los precios de los medicamentos. Su euforia le permitió olvidar los «paseos de la muerte», la corrupción que ronda al sistema de salud y a las EPS. Según la Contraloría, la mitad de los recursos de la salud han sido apropiados de manera indebida y más de 4,5 billones de pesos se han concentrado en recobros. Tenemos los precios de los medicamentos más altos del mundo, y promete salir de la crisis de la salud, sin tocar por supuesto los sagrados dogmas del libre mercado, religión que profesan los integrantes de su gabinete.

Pero su mayor desfachatez la expresa cuando dice liderar un gobierno que «dialoga», mientras continúa su constante estigmatización a la protesta social, que hoy extiende de manera expresa al senador Jorge Enrique Robledo, opositor del gobierno y demócrata. Olvida el presidente los cerca de 100 ciudadanos y ciudadanas judicializados recientemente por su participación en las protestas de Antioquia, Valle del Cauca, Caldas, Chocó, Risaralda y Santander. Y pasa inadvertidas las muertes de cuatro campesinos, los más de 50 heridos en la zona de Aguas Claras (Ocaña) a manos del ESMAD y las cuatro comisiones que, en medio de la improvisación y la indiferencia, han viajado a Tibú para escuchar las propuestas que el movimiento campesino viene trabajando desde el año 2009 para obtener el reconocimiento legal como Zona de Reserva Campesina .

Así no es, señor presidente. Usted intenta hacer la paz en La Habana mientras reprime, castiga y busca silenciar la protesta social en Colombia. Eso no es propio de un gobernante que se llama a sí mismo demócrata. Le acepto que sea optimista, pero no mentiroso.

Columna para el periódico La Patria

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