Participar en la construcción de la paz en Colombia

Muchos de los procesos exitosos de paz que se han dado en el mundo coinciden en que la participación ciudadana es vital para transitar hacia una democracia más profunda y poder así llegar al fin de la confrontación armada, que si bien no significa vivir en paz, si se convierte en condición indispensable para ésta. Esa es la esperanza que llevamos en el corazón millones de colombianas y colombianos, en especial aquellos quienes viven cotidianamente la guerra que desangra nuestro país.

Propiciar la participación ciudadana ha sido una de las tareas más importantes para las comisiones de paz del Congreso de la República. Hemos querido escuchar de viva voz a muchas mujeres, hombres, jóvenes, niñas y niños representantes de organizaciones sociales, comunitarias, académicas, ONG, víctimas del conflicto, sindicalistas, comunidades indígenas, comunidades afrodescendientes, organizaciones de derechos humanos, movimientos LGBTI, y empresarios, la presentación de sus propuestas referidas a tres de los puntos contemplados en el Acuerdo General para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera: Desarrollo Rural Integral, Sustitución de Cultivos Ilícitos y Participación Política. En un ejercicio que denominamos Mesas de Trabajo Regionales por la paz, que ha contado con el apoyo técnico del Sistema General de Naciones Unidas y el PNUD, hemos tenido la oportunidad de escuchar sus planteamientos, exigencias y propuestas plasmadas en las relatorías, las cuales serán enviadas formalmente a la mesa de negociación en La Habana, la primera semana de diciembre de este año.

En los encuentros en las diferentes regiones hemos buscado propiciar el diálogo en torno a lo significados y las implicaciones de este nuevo proceso de paz en Colombia. Nuestras comisiones se convierten así en un canal de comunicación en esta segunda fase, entre la mesa negociadora y los miles de colombianos que históricamente han sido excluidos y que hoy tienen propuestas concretas para la paz, las cuales apuntan a erradicar las causas estructurales de la guerra: acceso a la tierra, protección a la economía agrícola, participación política con garantías para los movimientos y los partidos de oposición, acceso a los derechos fundamentales y políticas estructurales para erradicar la pobreza y la flagrante desigualdad en Colombia.

En una polifonía de voces hemos escuchado a lo largo y ancho de esta Colombia profunda cerca de dos mil personas, pertenecientes a más de 800 organizaciones. Estuvimos en Sincelejo con líderes de Bolívar, Cesar, Córdoba y Sucre; en Barranquilla con organizaciones del Atlántico, Guajira, Magdalena y San Andrés; en Villavicencio con comunidades de Cundinamarca, Boyacá, Tolima, Meta, Casanare y Guaviare; en Pasto con movimientos sociales de Nariño y Putumayo; en Medellín con sectores de Antioquia, Chocó, Risaralda, Quindío y Caldas; en Bucaramanga con voceros de Santander, Norte de Santander y Arauca.

Entre las reivindicaciones más frecuentes están las de las víctimas del conflicto político quienes han transformado su dolor en dignidad, exigen celeridad en los procesos de reparación integral, en especial aquellos los relacionados con la restitución de sus tierras, sacar a la población civil de conflicto y un cese al fuego pronto y efectivo. Piden que sus voceros sean escuchados en la mesa de negociación Gobierno-Farc.

La participación de las mujeres y los jóvenes ha sido contundente, sus propuestas imaginativas y factibles. Son reserva ética para este proceso. Las mujeres nos enseñan a hacer minga para construir la paz, desde las regiones. A enfrentar la guerra y la pobreza con proyectos productivos comunitarios y mercados campesinos justos para sus productos agrícolas. Señalan estar dispuestas a perdonar si hay verdad y reparación integral. Los jóvenes se niegan a que su destino sea la guerra, anhelan un presente y un futuro en el que puedan estar alejados de las armas, reivindican su derecho a la objeción de conciencia. A cambio piden una política agraria que los reconozca como herederos del cuidado de la tierra.

Nuestra presencia en estas mesas, nos ha permitido ratificar la enorme e intolerable brecha que existe entre la Colombia urbana y la Colombia rural, esa Colombia profunda que muchos desconocemos. Seguimos convencidos de que la paz es la victoria y la justicia social es el camino.

Columna para el periódico La Patria

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