¿No más ‘Bolillo’ para las mujeres?

Un gran debate se planteó al país luego de que se conociera la noticia de que Hernán Darío Gómez (El Bolillo) había golpeado a una mujer, al salir de una noche de rumba. En el marco del Mundial, las directivas de fútbol y el público pidieron la cabeza del técnico y la conclusión fue tarjeta roja, ratificada por el presidente Santos, que lo dejó fuera de lugar y el debate se canceló.

Propuse en ese momento una acción colectiva y pedagógica que nos permitiera como sociedad trabajar esta problemática no solo desde la sanción punitiva, sino desde la transformación de nuestros imaginarios y prácticas culturales. Darle la oportunidad a Hernán Darío de involucrarse en una campaña en contra de la violencia, implicaba reflexionar en voz alta sobre lo que pasa de manera cotidiana en muchas familias, aquello que preferimos esconder debajo de la alfombra: la casa como el gran escenario donde se violan permanentemente los derechos humanos de mujeres, niñas y niños.

Hernán Darío salió y las cifras de violencia contra las mujeres y violencia intrafamiliar continúan aumentando todos los días, sin que exista una política pública nacional dirigida a modificar los roles tradicionales y las viejas estructuras de poder presentes en nuestras relaciones familiares.

El gobierno ha sido incapaz de reglamentar la Ley 1257 para erradicar la violencia contra las mujeres y el perfil de la Alta Consejería no da cabida a programas dirigidos a acabar este flagelo.

Nadie puede desconocer que gracias a las investigaciones, trabajo y dedicación de organizaciones sociales de mujeres y de feministas, cada vez la violencia contra las mujeres ha adquirido un carácter público que toca a la sociedad en su conjunto y que exige programas y estrategias, pero también hay que reconocer que esta violencia implica relaciones de dominio y explotación que pasan por prácticas culturales que las justifican y que aún continúan intactas. Es muy grave que la «naturalización de la violencia» lleve incluso a las mismas mujeres a esgrimir el argumento que «…somos necias y cansonas y nos merecemos que nos casquen», como lo dijo recientemente una Senadora.

Cifras de Medicina Legal dan cuenta de que cada hora, seis mujeres están siendo golpeadas en el país. En el Informe Forensis del 2009 se reportan 73.450 casos de violencia intrafamiliar; 6.120 mujeres fueron golpeadas cada mes; 54.192 mujeres recibieron maltrato de su pareja. Dos mujeres son violadas cada hora y una mujer es asesinada cada tres días. Todo esto en la casa. Sin contar las cifras de la violencia política y social que padecen las mujeres a diario en nuestro país.

¿Por qué no existe una política pública frente a esta violación permanente de derechos humanos? Sabemos que se puede. Si hay voluntad política es posible enfrentarla. En Bogotá desde la Dirección de Bienestar Social del Distrito, trabajamos el programa Desarmarnos con Amor, el cual contribuyó a posicionar en la agenda pública la violencia intrafamiliar y sexual como intolerables sociales y culturales, al desarrollar una tarea conjunta entre Estado, sociedad y familia.

Desarmarnos con amor fomentó la conversación entre hombres y mujeres, con el propósito de darles visibilidad a las formas de violencia contra las mujeres y las niñas, aumentar la autoregulación y la regulación ciudadana frente a las mismas y fortalecer la calidad de la atención en las distintas instituciones responsables, a través de la formación de funcionarias y funcionarios públicos, para propiciar así un efectivo acceso a la justicia y al restablecimiento de derechos.

Insisto, si la pasión que nos anima frente al fútbol la ponemos para erradicar la violencia, podremos avanzar en la tarea de Desarmarnos con amor. Hernán Darío fue el chivo expiatorio que cargó no solo con su propia culpa por cometer un delito, también animó un debate urgente y necesario que sigue pendiente. Nuestra sociedad machista y patriarcal privilegia el golpe sobre la palabra, la fuerza sobre la sensibilidad, y la violencia sobre el reconocimiento y respeto a la diferencia.

Seguimos esperando la respuesta de la Dimayor frente a nuestra propuesta para hacer juntos una tarea pendiente: ¡jugarle limpio a las mujeres en Colombia!

Columna de opinión para el periódico La Patria

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