No al reencauche de la fallida reforma educativa

Parece mentira, pero todo indica que el gobierno del presidente Santos va a reencauchar la fallida reforma a la educación, presentada en el año 2011. Parece mentira, porque no hay derecho a tanta indiferencia con el futuro de millones de estudiantes en Colombia, quienes llevan ya varios años reclamando sus derechos a punta de protestas y propuestas.

Porque no podemos olvidar que el país fue testigo de sus luchas creativas, pacíficas y constructivas para tumbar la reforma que propuso Santos durante su primer mandato, que prácticamente convertía la educación en una gran empresa con ánimo de lucro, obligando a los jóvenes y a los padres de familia a endeudarse de por vida con los bancos o a través de los préstamos de el Icetex.

Decía, entonces, que el Gobierno pretende reencauchar ese esperpento de proyecto, tras revelar que su política pública estará basada en el «Acuerdo por lo Superior 2034», una iniciativa del Consejo Nacional de Educación Superior (CESU), la cual no fortalece las universidades públicas, ni reconoce el déficit de 11 billones en el que se encuentran actualmente, ni tuvo en cuenta las opiniones del movimiento estudiantil agrupado en la Mesa Amplia Nacional por la Educación, más conocida como Mane.

No se trata, por supuesto, de «criticar por criticar», como señalan algunos. Si revisan detalladamente el documento presentado por el CESU, constatarán que no hay ninguna referencia sobre la autonomía y la democracia universitaria, ni le apuestan al aumento de los aportes de la Nación a las universidades, condenándolas al rebusque de ingresos económicos a través de las consultorías.

Como si fuera poco, no se mencionan las soluciones a las crisis que sufren actualmente la Universidad Nacional y la Universidad Pedagógica, cuyas sedes a nivel nacional se están cayendo literalmente a pedazos, como hemos denunciado públicamente en repetidas ocasiones. Pero la respuesta gubernamental ha sido el silencio, la desidia y la negligencia, cuya responsabilidad recae especialmente sobre la ministra de Educación, quien definitivamente perdió el año como jefe de la cartera. Y vale aclarar que no perdió solo un año, sino cuatro, sin sonrojarse.

Se ha dicho, además, que la iniciativa del CESU fue consultada con la Mane. Pero no se dejen engañar. Ya sabemos que en el Gobierno tienen la costumbre de anunciar con bombos y platillos que las propuestas del movimiento estudiantil y profesoral fueron incluidas y tenidas en cuenta, cuando la realidad es otra. Ni les consultaron, ni los hicieron partícipes de la propuesta. Por tanto, tal vez no estamos hablando de un verdadero «acuerdo por lo superior» incluyente, sino más bien de un acuerdo entre altos dignatarios, empresarios y rectores, que es muy diferente.

Es una lástima, pero aparentemente le vuelven a apostar a la ampliación de créditos educativos, que en últimas se traducen en el endeudamiento de los jóvenes, quienes terminan convertidos en precoces deudores del sistema financiero. En pocas palabras, la propuesta del CESU evidencia las ganas del Gobierno por mantener el modelo de privatización de la Ley 30, basado en el subsidio a la demanda.

Esa no es la educación para la paz, señor presidente. La educación que nos permitirá transitar de la guerra a la paz con justicia social es aquella que promueve la igualdad, el acceso con acciones afirmativas para aquellos estudiantes que han estudiado en instituciones de baja calidad educativa, trabaja por la excelencia educativa, las prácticas democráticas en los consejos superiores de las universidades, la participación estudiantil real, los derechos humanos, el pluralismo, la inclusión, el bienestar universitario y la cobertura universal.

Sin duda, la educación para la paz y la democracia no es la política pública del CESU, que no le apuesta a la construcción cultural diversa, colectiva, polifónica y regional. De nada vale firmar supuestos «acuerdos por lo superior» si no están dispuestos a formar una ciudadanía crítica, solidaria, creativa e irreverente para la vida en dignidad.

Es la hora para que los estudiantes colombianos, como lo dice en una reciente entrevista el profesor Noam Chomsky, de nuevo retomen las banderas de sus propuestas, y de manera libertaria puedan averiguar quiénes son, cuáles son sus sueños y qué desean de la educación colombiana para que ésta realmente se convierta en uno de los caminos hacia la paz.

COLUMNA PARA EL PERIÓDICO LA PATRIA

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