Mujeres invisibles

Mujeres invisibles

En medio de la indiferencia de la sociedad y la negligencia del Estado, es un hecho que la desaparición forzada en Colombia permanece en la impunidad. Así lo denunciamos el pasado miércoles 4 de noviembre en un debate de control político realizado en el Congreso, donde resalté el drama de las miles de mujeres desaparecidas en los últimos años, especialmente en el marco del conflicto armado.  

En el comunicado de prensa sobre el debate, cuyo texto completo pueden consultar en mi sitio web www.angelarobledo.com, denunciamos que sumado al atroz crimen de la desaparición forzada, las mujeres llevan la peor parte: primero porque no existe el concepto mismo de mujeres desaparecidas; segundo porque no hay una política de búsqueda con perspectiva de género y, tercero, porque persisten estereotipos de género que invisibilizan los crímenes conexos que traen para las mujeres la desaparición forzada, y que están relacionados en la mayoría de los casos con violencia sexual. 

El panorama es desolador, y a manera de reflexión quiero compartir con ustedes las conclusiones más importantes del debate, las cuales reproduzco en esta columna. En Colombia cifras oficiales indican que existen 122.155 personas afectadas por la desaparición forzada, incluyendo 13.448 víctimas directas de la guerra, sus padres, hermanas y hermanos (RUV, abril de 2014). Según el Centro Nacional de Memoria Histórica, las víctimas directas de la desaparición son unas 22 mil, incluidas las víctimas de ejecuciones extrajudiciales (falsos positivos). 

Entre estas escalofriantes cifras están los 27.311 casos de mujeres reportadas como desaparecidas, de los cuales 2.493 se encuentran clasificados como desaparición presuntamente forzada. Se estima que dentro de este grupo hay 777 casos de niñas en edades de 0 a 17 años (Forensis 2014). Desde el primer momento en que se conocen los casos de desaparición hay negligencia de las autoridades que desestiman el hecho, no se activan las alarmas para la búsqueda efectiva de las mujeres vivas y tampoco consideran importante la investigación de los crímenes atados a la desaparición, como la violencia sexual, la desnudez forzada, la tortura, entre otros.  Las mujeres además de ser víctimas de la desaparición son también quienes asumen de manera heroica la búsqueda de los hombres desaparecidos.

Emprenden cruzadas maratónicas hasta dar por cuenta propia con el paradero de sus hijos, esposos o familiares víctimas de este flagelo, sin que el Estado les responda. Lo más lamentable es que para este crimen como para muchos otros en el país, pero especialmente para aquellos relacionados con las mujeres, la impunidad es total: Según Dejusticia, el 95% de los casos de mujeres desaparecidas forzadamente está en la impunidad (2012).  Así lo denunció también la Fundación Nydia Erika Bautista en el Informe Alterno al Comité sobre desapariciones forzadas de Naciones Unidas, el cual señala que: “(…) en el 80% de los casos no hay investigaciones activas en el estricto sentido sobre los hechos; el 85% de los casos han sido archivados, precluidos o cerrados con resolución inhibitoria y en el 99%, no hay autores enjuiciados y condenados (…)”. (2015). 

La desaparición forzada de mujeres ha venido aumentando año tras año hasta cuadruplicarse, sin que ello convoque la voluntad política del Gobierno y sus instituciones para tomar medidas en el asunto: “De 1.398 (año 2000) a 7.291 (año 2009) y luego al doble de los años 2010 a 2013 cuando se registraron 12.368 casos. Entre los años 2000 y 2013 se presentaron 19.659 casos de mujeres desaparecidas sin información”. (Informe Desaparición Forzada de Mujeres, Fundación Nydia Erika Bautista. 2015). 

¿Qué nos queda? Exigir el compromiso y la voluntad política para la búsqueda de las personas desaparecidas, y reclamar que jueces y fiscales promuevan su búsqueda efectiva, real y digna, pues la mayoría de los casos de mujeres desaparecidas han sido invisibilizados e ignorados. Duele reconocerlo pero no se equivocan quienes afirman que Colombia es una gran fosa común, donde las desapariciones son como un duelo congelado en el tiempo.

Por eso acompañamos a las familias en su lucha diaria: ¡vivos se los llevaron, vivos los queremos!  

COLUMNA PARA EL PERIÓDICO LA PATRIA

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