La marcha patriótica: una ruta hacia la paz

El pasado 21 de Abril estuve ahí, en el lanzamiento del movimiento social y político “Marcha Patriótica”,  ese día ingresé a un recinto cargado de expresiones  estéticas  y políticas. Entré a un espacio lleno de esperanza,  donde las voces de  personas  de diferentes edades, regiones, razas y etnias,  se entremezclaban con la voz de Mercedes Sosa: “… sólo le pido a Dios, que la guerra no me sea indiferente…” Estuve en un evento cultural, deliberativo y político. Estuve en un escenario democrático.

Llegué allí de la mano de algunos jóvenes de la Mesa Amplia Nacional Estudiantil, la MANE, como se le conoce más comúnmente, ese movimiento de estudiantes que  ha trabajado en las   universidades, en múltiples talleres y encuentros para buscar alternativas universales y de calidad para la educación superior en Colombia. Ese movimiento que se ha volcado a las calles con una protesta pacífica, imaginativa y que nos ha gritado, sin ensordecernos, que en Colombia es posible vivir distinto, y que es necesario re-politizar la vida cotidiana para que salgamos de los  cómodos e individuales refugios , para exigir nuestros derechos.  Llegué de la mano de este movimiento que hizo de la resistencia civil no violenta, una obra de arte con resultados contundentes.

El encuentro de la Marcha Patriótica fue una expresión fundamental de democracia, una expresión de libertad de este país que clama ser escuchado desde su campo olvidado y desde sus ciudades convertidas en ocasiones, en máquinas de exclusión. 

Me sumo a la apuesta de la Marcha Patriótica de señalar que en Colombia la paz es urgente y posible. Y para  que esta  paz sea verdadera y durable, es necesario   no sólo que cese el ruido de los fusiles y las bombas de  los guerreros sino también, como lo decía el maestro Fals Borda,  que se afinque en ese Ethos de resistencia que por dos centurias han significado las prácticas de comunidades indígenas, comunidades negras, de los campesinos,  de las mujeres, y que hoy se expresa también en el movimiento estudiantil de Colombia. Sobre ese Ethos nace la Marcha Patriótica, desde esas voces silenciadas a quienes  les duele el país y quienes han sido víctimas de sus distintas violencias. 

En esta  Marcha  se reconoce a los jóvenes, a las campesinas y campesinos, a las organizaciones sociales, sindicales, indígenas, afrocolombianas, a los movimientos de mujeres, de trabajadores, a los desempleados, jornaleros, vendedores ambulantes, a todos aquellos quienes han sido excluidos y hoy piden vivir con dignidad, como  lo establece nuestra Constitución Colombiana. 

El movimiento nace de  las aspiraciones de promover un diálogo democrático que tenga en cuenta la diversidad regional y cultural. Tiene como misión contribuir a  transformar estructuralmente las desigualdades sociales, acabar con la corrupción, el clientelismo y la explotación irracional de los recursos naturales. Su apuesta por la paz es clara: paz sin justicia social no es sostenible. 

Su lema es una Marcha Patriótica por una segunda y definitiva independencia. Independencia de los intereses tradicionales, independencia frente a los atajos que se traducen hoy en más de 8 billones de corrupción , acaparados  por carruseles de contratistas de la salud, la educación, la vivienda, la infraestructura , la nutrición de miles de niños, niñas y viejos  . Independencia frente a un presupuesto que le apuesta a la guerra, frente a un TLC que desfavorece a los desfavorecidos, frente a una sostenibilidad fiscal que subordina la garantía de  derechos a  cálculos econométricos y reglas fiscales.  Independencia para un  país que es campeón mundial en la concentración de la tierra y está entre los primeros siete países, más desiguales  del mundo.

Por estas razones estuve ahí, en el evento de la Marcha Patriótica. Para dejar claro que si este movimiento es una alternativa para la guerra, bienvenida la Marcha, bienvenida la resistencia desde la no violencia. Bienvenida una izquierda democrática  que confronte al establecimiento y que diga explícitamente que deslegitima todas las formas de violencia como deslegitima todas las formas de exclusión.  

Acompaño, desde mi condición de Congresista y ciudadana, esta expresión cultural, política y social de la democracia en Colombia.  Adelante Marcha Política, movimiento que reúne a los indignados e indignadas en Colombia.  

Columna para el periódico La Patria

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