La Guerra Mundial

Este es el nombre del libro del filósofo francés Michel Serres, el cual fue publicado en el año 2008 y hoy circula en las redes sociales, gracias al trabajo de traducción realizado por el profesor de la Universidad Nacional de Colombia Luis Alfonso Palau. Este filósofo e historiador de las ciencias, francés, de 80 años, miembro de la Academia Europea, en la obertura de este texto nos cuenta que durante su infancia, adolescencia y primera edad adulta, vivió en medio de cinco a seis guerras. Expresa, por esta razón, estar marcado por la violencia, por los asesinatos, y por ello nos invita de manera contundente a decir no a la guerra entre hermanos, no a la violencia que inicia muchas veces sin saber por qué crece cada vez más, y se reproduce hasta el infinito, amenazando exterminar nuestra especie humana. Dice no a la guerra porque esta opera como máquina de matanzas, odios, venganzas. El libro versa sobre la pregunta ¿matar o no matar? La respuesta contundente de Serres: «…pase lo que pase, lector, no mates».

La manera como se presenta ante el lector de su libro, nos permite reconocer un cuerpo forjado por la guerra: «Mis tobillos, la planta de mis pies hasta las pantorrillas, muslos y pliegues poplíteos, mis rodillas, sexo y nalgas, el tronco entero, de la pelvis a la cintura escapular, ombligo y mediastino comprendidos, bíceps y puños, hasta las uñas, mi nuca, los cabellos que me quedan, mi rostro y sus arrugas, todo, mi piel y mis huesos, músculos y neuronas, todo les digo, todo lo visible denso de mi apariencia, todo lo que -de lejos o de cerca- los llama con mi nombre, todo ese ser está hecho de guerra», y agrega: «Lloro desde hace siete decenios. Nunca podré dejar de llorar».

Pues bien, ese hombre forjado en la guerra, escribe este libro desde sus lágrimas, escribe este libro desde su alma, lo escribe desde sus relatos, anécdotas y su utopía. Declara y jura su no-violencia: «…nunca levanté mi puño contra nadie, ni siquiera para defenderme, pues esta razón defensiva me parece un pretexto para pelearse mejor y terminar por destruir y matar…» Como Sócrates, prefiere sufrir que lanzar conflicto o polémica y solo usar palabras desarmadas.

Al avanzar en la lectura me pregunto ¿qué le ha permitido a este filósofo que nace y crece en medio de la guerra, declarar su no-violencia e invitarnos a dar un salto hacia una mayor hominización, hacia un mundo sin guerras? Su respuesta es de nuevo contundente: solo lo he encontrado en lo sagrado. Lo sagrado contenido en la Biblia, en los mitos griegos, latinos, indios.

Esta guerra mundial entre hermanos, que se libra en tantos lugares del planeta: Siria, Corea, Afganistán, Israel… Esta guerra en nuestro país ha marcado con su forja de hierro al rojo vivo los cuerpos de millones de niños, viejos, mujeres, hombres. Esta guerra ha desplazado 5 millones de personas, ha significado el despojo de más de 2 millones de hectáreas a familias campesinas, comunidades afrocolombianas, pueblos indígenas. En esta guerra los guerreros han violado el cuerpo de medio millón de mujeres durante los últimos diez años. Se ha utilizado su cuerpo como un territorio más en disputa, se han penetrado sus entrañas, profanado su cuerpo al convertirlo en máquina para parir hijos, para ser sometido a esclavitud, a torturas extremas, al dolor, a la muerte. En esta guerra han sido reclutados niños, sometidos a violencia extrema y en muchas ocasiones al exterminio, y han muerto miles de jóvenes de lado y lado, miles de jóvenes que no hubieran querido tomar un arma en sus manos. Esta guerra que ha sembrado los campos de cadáveres, de desolación, de hambre, debe terminar. Necesitamos más hombres y mujeres como Michel Serres que a pesar de haber sido forjados en la guerra, juren no-violencia. Hombres y mujeres que no levanten el puño para defenderse, que aprendan a perdonar, que prefieran sufrir primero ellos que infligir sufrimiento a otros. Hombres y mujeres que acudan a la palabra desarmada, al gesto fraternal, para que en Colombia la vida sea sagrada.

Columna para el periódico La Patria

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