Enfoque de género un asunto de justicia para las mujeres

Enfoque de género un asunto de justicia para las mujeres

En Colombia la población femenina es mayoritaria, con 24.255.888 mujeres, lo que supone el 50,75% del total, frente a los 23.535.505 hombres que son el 49,25%. Sin desconocer que los hombres enfrentan problemáticas similares a las nuestras hay que aceptar que las mujeres hemos estado históricamente en desventaja por nuestra condición. Es precisamente el enfoque de género lo que permite develar, comprender e intervenir nuestros asuntos de manera específica. El género se ha trabajado como una categoría de análisis que hace referencia al significado social de la diferencia biológica entre los sexos; es decir, es el estudio de la relación dialéctica entre lo biológico, lo psíquico, lo social y lo cultural, que define el conjunto de maneras aceptadas históricamente de ser mujer y ser hombre en cada época, sociedad y cultura, cuyo proceso de diferenciación se traduce en inequidades, desigualdades y violencias históricamente aceptadas, institucionalizadas e invisibilizadas hacia las mujeres, su acceso al poder, a los recursos y al control sobre los mismos. 

Por ejemplo, cifras del Dane indican que la tasa de desempleo de mujeres jóvenes (entre 14 y 28 años) está hoy seis puntos más alta que la de los hombres: 20% frente a un 14% (junio – agosto 2016). En general, la tasa de desempleo de mujeres está por el orden de 11,7, frente a un 8,8% de los hombres. Por tasa de participación en el mercado laboral tampoco salimos bien libradas: 60% frente a un 75,5% de los hombres. 
Es en la ruralidad donde las mujeres llevan la peor parte: la incidencia de la pobreza monetaria en los hogares con jefatura femenina fue de 46.4% en 2015, mientras en aquellos con jefatura

masculina fue de 38.6%. En el sector rural, la diferencia en la tasa de desempleo entre hombres y mujeres es de 6 puntos porcentuales: hombres, 3.1%, versus mujeres, 9.1%. 
A las mujeres rurales les es mucho más difícil acceder a la titularidad de la tierra, lo que incide directamente en el acceso a créditos y a asistencia técnica: Sólo el 26,5% de las mujeres en situación de desplazamiento son propietarias, una mínima parte recibió créditos (0,5%)  y asistencia técnica (8,5%) entre 2005 y 2011, por ejemplo. 
El sistema político electoral ha excluido a las mujeres y las ha invisibilizado en los cargos de elección popular. Datos de Onu Mujeres indican que en 2012 ellas sólo ocupaban el 9% de las gobernaciones; el 10% de las alcaldías; el 18% de las curules en las asambleas y el 17% de los asientos de los concejos; el 13% de la Cámara y el 17% de del Senado.  Actualmente, el Congreso cuenta con 56 mujeres: 32 en la Cámara de Representantes (18%) y 24 en el Senado (23%). 

Cifras del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, indican que en 2015 se registraron 47.248 casos de violencia de pareja con una afectación de casi el 90% sobre las mujeres (86,66%); siendo la casa el lugar más peligroso para ellas y sus hijos: más del 70% de los casos de violencia intrafamiliar ocurrieron en el hogar. 
El conflicto armado ha provocado la expulsión de más de 2,5 millones de mujeres  de sus tierras y ellas son el 84% del total de desplazados. La guerra ha exacerbado la exclusión, la violencia y la estigmatización de las mujeres empeorando todos los indicadores sociales pero sobre todo fracturando su tejido social y su propia dignidad humana. 

Es por lo anterior que las mujeres vemos con ilusión y esperanza la salida política de esta guerra que degrada la vida y no nos permite avanzar como sociedad, pero tampoco crecer como mujeres. Para ello estamos dispuestas a seguir defendiendo cada letra del Acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera, porque allí nada nos ha sido concedido. Lo incluido hasta ahora en el Acuerdo y que ha sido acogido por las partes, es producto de la lucha de mujeres, feministas, liderezas y organizaciones,  que han significado años de esfuerzo y dedicación y que hoy sólo significan pequeños cambios. 

COLUMNA PARA EL PERIÓDICO LA PATRIA

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