¡El profesor Guillermo Hoyos!

Cuando el pasado 5 de enero supe que el profesor Guillermo Hoyos había muerto ese mismo día al amanecer, después de enfrentar con valentía un cáncer durante muchos años, recordé la hermosa frase de Hannah Arendt a propósito de la relación entre la vida y la muerte: «Los hombres, aunque han de morir, no han nacido para eso, sino para comenzar» y es que para esta filósofa lo más significativo en los seres humanos, es que la vida nos ha sido concedida por el milagro del nacimiento en el cual se conjugan el azar del conocimiento, del comienzo y de la libertad, para amarse, pensar y juzgar. Acontecimiento que permite pasar de la fisiología a la biografía, de la naturaleza al espíritu.

Invoco hoy estas reflexiones porque para quienes tuvimos el privilegio de conocer y trabajar con Guillo, como de manera cariñosa lo llamábamos, sentimos que desde sus formas de pensar, de juzgar y de establecer vínculos solidarios y fraternales, con alumnos y amigos, logró tocar nuestras vidas y nuestro trabajo académico, con su exigencia de reflexionar de manera particular y libre y de contribuir a transformar las estructuras, las costumbres y de manera más amplia, el mundo social en Colombia.

Para el profesor Hoyos resultaba imperativo, hacer una filosofía que fuera política, que permitiera «pensar el país» que para él consistía en alentar «un diálogo fecundo y moderado por la filosofía, como teoría de la acción comunicativa entre sociólogos, politólogos, economistas, historiadores, artistas, psicólogos, etc., sin ignorar la necesidad de las «ciencias duras», por el hecho de tener que reivindicar la seriedad de las «ciencias blandas». Estas, como «ciencias de la discusión» orientan el debate público sobre la sociedad, la política y el Estado de derecho democrático». Diálogo que de manera prioritaria debía promoverse en las universidades en desarrollo de la tríada: ciencia, tecnología y sociedad.

Su producción intelectual y su acción política en campos tan diversos como la ética, los derechos humanos, los sentimientos morales, la educación, la pedagogía, las humanidades, las ciencias sociales, la paz, entre otros y de manera especial sus aportes al sentido de la universidad estuvieron impregnados por su lúcido pensamiento y reflexiones filosóficas y por su coraje para denunciar ante los poderosos, las prácticas autoritarias y de fascismo social que en años recientes vivimos en Colombia.
Durante muchas décadas, en su condición de profesor universitario, decano de la facultad de Filosofía de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional, coordinador de la Comisión Nacional de Doctorados y Maestrías, del Consejo Nacional de Acreditación de la Educación Superior, Director del Instituto Pensar y del Instituto de Bioética de la Universidad Javeriana, desarrolló y expuso en múltiples escenarios su pensamiento sistemático y crítico sobre el ethos de la Universidad, en relación con la sociedad.

Pensamiento que cobra particular vigencia de cara al propósito de los últimos gobiernos de incorporar en la educación la racionalidad de ánimo de lucro y de libre mercado.
Quisiera hoy «recordar» algunos de los planteamientos del profesor Hoyos, los cuales deberían convertirse en principios orientadores para quienes hoy tienen la enorme tarea de formar las y los ciudadanos del presente y futuro de Colombia:

  • -La Universidad debe ser totalmente libre, sin condición. Resistir a los intentos del Estado, la economía y la empresa a ser cooptada para sus propósitos, los cuales se miden solo en términos de productividad y competitividad.
  • -El poder de la Universidad está en el lenguaje y en la manera como comunicativamente produce y moviliza conocimientos y saberes.
  • -El gran reto de la Universidad es formar en una cultura política, lo cual implica un proceso que asuma de manera radical la formación de los jóvenes tanto como científicos y como políticos. Formar ciudadanas y ciudadanos para pensar críticamente, para aprender de la experiencia, para comprender a las instituciones y a sus conciudadanos.
  • -En uno de sus últimos textos publicado en la Revista Javeriana, ratificó la condición de la educación como derecho fundamental en Colombia y los riesgos de convertirla en una mercancía.

Con Guillo, cada conversación, cada tarea académica, cada proyecto implicaba un nuevo y singular comienzo. Por ello hoy celebramos su bella vida ¡Te recordaremos siempre!
 

Columna para el periódico La Patria

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