¡El perdón!

En una entrevista realizada al filósofo Jacques Derrida, frente a la pregunta ¿Hasta dónde se puede perdonar? el profesor Derrida responde lo siguiente: “En principio no hay un límite para el perdón, no hay una medida, no hay moderación, no hay un “hasta dónde”. Siempre que acordemos, evidentemente, un sentido “estricto” a esta palabra”. El perdón para este pensador, no puede confundirse con temas aledaños como sería pedir disculpas, prescribir un procedimiento judicial, quedar cobijado en una amnistía, etc. El perdón implica para quien perdona, un volver hacia el pasado, activar nuestra memoria por doloroso que resulte hacerlo. Para quien pide perdón en el sentido estricto de la palabra, exige un acto de reconocimiento, de contrición, de arrepentimiento. Quien pide perdón debe ir más allá de las prescripciones del Estado-nación y ponerse literalmente en las manos de las personas o comunidades a quienes pide perdón, son ellas quienes deciden si perdonan o no.

Pues bien, por estos días en Colombia hemos podido asistir a distintos encuentros en los cuales víctimas y victimarios le han enseñado al pueblo colombiano el inconmensurable valor de pedir perdón y la inmensidad humana de quien lo otorga a plenitud. El pasado 10 de septiembre un grupo de dirigentes de la guerrilla de las Farc se reunió con algunos de los familiares de los 11 diputados del Valle secuestrados en el 2002 y asesinados a sangre fría cinco años después. Pablo Catatumbo, integrante del secretariado de las Farc, reconoció la total responsabilidad por lo ocurrido y pidió perdón “Hoy con humildad sincera pedimos perdón. Ojalá ustedes nos puedan perdonar”. Quienes pudieron asistir al encuentro lo narran como un acto de profundo dolor, cargado de humanidad. Sebastián Arismendi, hijo del diputado Héctor Fabio Arismendi compartió sus sentimientos en un mensaje cargado de dolor y dignidad: “…partí al encuentro con el estómago vacío pero lleno de miedos y dolores en mi corazón…” después de escuchar y sentir el arrepentimiento de los integrantes de la guerrilla, agrega “…algo muy extraño pasaba en mi cuerpo, el sufrimiento se fue desapareciendo de mí y sentía que había obtenido justicia… finalmente, salí con una sonrisa en mi rostro y veía cómo mi padre se sentía orgulloso de mí en el cielo…”.

Hace cerca de 10 días el presidente Juan Manuel Santos se reunió en el Palacio de Nariño con familiares de los integrantes de la Unión Patriótica quienes fueron asesinados como parte de una estrategia sistemática y generalizada que buscó el exterminio total de este partido político en los años 80 y 90. Santos dijo “el Estado no hizo lo suficiente para evitar la tragedia de la UP” y se comprometió ante los asistentes y el mundo entero a un Nunca Más. Con este acto el presidente en cabeza del Estado colombiano reconocía que éste también ha hecho parte de la degradación de este conflicto.

El 26 de septiembre en el marco de la solemnidad del acto para la firma del acuerdo para el fin del conflicto y el logro de una paz estable y duradera, 10 mujeres negras, vestidas de blanco, las “Alabadoras de Bojayá”, entonaron sus cánticos para contarle al mundo entero su dolor y también para enseñarnos su enorme capacidad para perdonar. Ese pueblo que quedó destruido por un enfrentamiento entre guerrilla y paramilitares, donde 79 personas murieron bajo la pólvora y los cilindros disparados por las Farc, en medio del combate. Ese pueblo que ha vivido en el dolor y el olvido ha perdonado, así lo dijo Máxima Asprilla una de las integrantes del grupo de mujeres que viajó a Cartagena, para enseñarnos el poder sin límites del perdón y de la reconciliación. Lo único que pide Máxima es una segunda oportunidad para su tierra porque en sus palabras “…en los últimos meses he visto renacer de nuevo los árboles y escuchar el canto de los pájaros”. Se han silenciado los fusiles, me dijo en una bella y estremecedora conversación que tuve con ella. Quiere para sus hijos y nietos un país en paz.

Al escucharla pude sentir que desde lo más hondo de su corazón había perdonado y que Pastor Álape cuando viajó hace algunos meses a Bojayá, también había pedido perdón de corazón. 

COLUMNA PARA EL PERIÓDICO LA PATRIA

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