El ICBF: la entidad donde más es menos

El ICBF en este momento parece encarnar la máxima minimalista «tener más es impactar menos».

Los recursos de la entidad se duplicaron de 2006 a 2014, pasando de 2,06 billones a 4,3 billones. A su vez, ha sido la institución del ejecutivo que más ha aumentado sus recursos de inversión en los últimos 3 años, creciendo de 2011 a 2014 en un 48%, casi 4 veces más que el Presupuesto General de la Nación ¿y qué ha sucedido con los derechos de los niños, niñas, jóvenes y familias de Colombia? Casi nada.

El ICBF recibe casi un punto del PIB y, como lo he denunciado en varios debates de control político, constancias y comunicados, al menos 1 niño indígena muere diariamente de hambre; los adolescentes que están en centros de responsabilidad penal sobreviven en condiciones de hacinamiento infames, con serios problemas sanitarios; la alimentación escolar no se garantiza en regiones como: Santander, Boyacá, Meta, Cundinamarca dado que los contratos siguen estando cooptados por «carruseles»; los derechos laborales de las madres comunitarias siguen sin resolverse y el bienestar familiar es una ficción cada vez más lejana. Hay que decirlo, era mejor el ICBF sin tantos recursos de hace algunas décadas. Allí no se recibían billones de pesos, pero las regiones contaban, las organizaciones sociales tenían voz, los niños y niñas no estaban desnutridos y el bienestar familiar existía, de facto.

Desde 2010 lo vengo diciendo: «la misión del ICBF se ha perdido (…)»: se volvió una entidad de contratación con grandes firmas y no una institución que debe garantizar los derechos de las poblaciones más vulnerables apoyándose en las comunidades. El sistema de bienestar familiar no opera, la descentralización ordenada por la Constitución y el Código de la infancia no se aplica (más del 70% de los recursos del ICBF se concentran en las oficinas centrales), no hay un sistema de rendición de cuentas. Se estandarizaron y homogenizaron los servicios como lo hace cualquier multinacional con ánimo de lucro. Los derechos de la niñez, terminaron siendo tramitados como negocios para grandes grupos empresariales».

Yo me pregunto ¿cómo es posible que una entidad con los billones que recibe anualmente, con la posibilidad de desarrollar proyectos sólidos a nivel regional, tenga estos resultados tan pobres y criticables?

Una de las mayores responsabilidades está entre los políticos corruptos de las regiones y los grandes intereses empresariales y mafiosos que cooptaron esta entidad que tanto queremos los colombianos.

El último director, el doctor Marco Aurelio Zuluaga, parece no logró escapar a estas prácticas. Acaba de «renunciar», como lo hizo Elvira Forero después de mis debates sobre los carruseles de los alimentos. Bien ido doctor Zuluaga, recibimos al menos 30 denuncias sobre su falta de idoneidad y experiencia para el manejo de la entidad, su autoritarismo, ineficiencia, y sus relaciones poco transparentes con algunos proyectos importantes para la entidad. También sobre la influencia que tenían políticos muy cuestionados de este país sobre regionales del ICBF. Todas estas denuncias las trasladé a las autoridades competentes del Gobierno Nacional y parece que tuvieron efecto.

Se requiere darle un timonazo de 180° al Instituto. Una intervención de alta cirugía para que cumpla la enorme tarea que le corresponde según la Constitución y las leyes. Estamos exigiendo que se nombre una persona con carácter, con conocimiento y experiencia sobre la niñez, la adolescencia, las familias, las nuevas perspectivas del bienestar, con altas dosis de compromiso y solidaridad. La entidad se merece una persona que le duelan los temas del ICBF, que los asuma con convicción, que esté dispuesta a aplicar el Código de la Infancia y la Adolescencia y que tenga la suficiente fuerza e independencia para no repartir mermelada ni dejarse untar por «la miel» de los políticos. Exigimos un director o directora que invierta bien los recursos públicos más valiosos para Colombia.

Presidente Santos, no deje pasar esta oportunidad. El ICBF debe llegar a ser una institución pilar luego de la firma del acuerdo en La Habana. No titubee, elija una directora o un director que enaltezca la entidad, que se comprometa en un trabajo por la paz con justicia social.

COLUMNA PARA LA PATRIA

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