Duelos suspendidos en el tiempo: el drama de la desaparición forzada

En Colombia nos hemos acostumbrado a contar muertos, desplazados, violaciones, genocidios… y tenemos casi siempre el deshonroso primer lugar en aquello que significa pobreza, violencia, inequidad, concentración de la riqueza… pero existe un drama que es como estar muerto en vida: la desaparición forzada que nos condena a sobrevivir con duelos aplazados y dolores suspendidos en el tiempo y que convierte al país en una gran fosa común.  

Cifras indeterminadas, indican que en el país existen 122.155 personas afectadas por la desaparición forzada, incluyendo 13.448 víctimas directas de la guerra, sus padres y hermanos, según el Registro Único de Víctimas (Abril de 2014). De acuerdo con el Centro Nacional de Memoria Histórica las víctimas directas de la desaparición son unas 22.000 incluidas las víctimas de ejecuciones extrajudiciales (falsos positivos). Son unas 45 mil familias esperando razón de sus seres queridos.  

El pasado 30 de abril se conmemoró el Día Internacional del Desaparecido, la única certeza es que la impunidad es total. Así lo demuestra el Informe Alterno al Comité sobre desapariciones forzadas de Naciones Unidas, el cual señala que: “(…) en el 80% de los casos no hay investigaciones activas en el estricto sentido sobre los hechos; el 85% de los casos han sido archivados, precluidos o cerrados con resolución inhibitoria y en el 99%, no hay autores enjuiciados y condenados. De este modo, el sistema judicial no ha sido garantista de los derechos de los desaparecidos y sus familiares”. (Fuente: Fundación Nydia Erika Bautista, febrero de 2015).  

Hasta el momento, según la Fiscalía General de la Nación, se contabilizan 2.292 personas inhumadas como no identificadas en los diferentes cementerios en los que trabaja la problemática la organización Colectivo Orlando Fals Borda. De ellas, 1.421 fueron reportadas por el Ejército Nacional como guerrilleros dados de baja en combate, según consta en las actas de levantamiento del cadáver, sin que existan antecedentes penales o sentencias contra las personas inhumadas. Han sido identificados 830, se han exhumado 990 y entregado 77 cuerpos.  

A juicio de la organización Fals Borda, esto supone que en 5 años se han entregado los restos de 77 personas, es decir, 15,4 al año. A este ritmo harían falta 143,83 años para entregar el resto de los cuerpos inhumados solo en cinco cementerios, lo que evidencia que resulta imprescindible acelerar este proceso dotándolo de más recursos humanos, técnicos, financieros y, sobre todo, de voluntad política de las entidades involucradas.  

A pesar de que Colombia aprobó la Convención internacional para la protección de todas las personas contra la desaparición forzada (Ley 1418 de 2010 puesta en marcha en agosto de 2012), el país no ha aceptado la competencia del Comité contra la Desaparición Forzada, lo que implica que en la práctica la ley no se cumple.  De acuerdo con la organización Equitas que también aborda el tema “el proceso de transición por el que atraviesa Colombia quedaría inacabado si no agotamos toda la capacidad del Estado en determinar el universo de las desapariciones forzadas, saber cuántos son, sus nombres y sus historias; saber el por qué y para qué los desaparecieron y quiénes fueron los responsables de estos crímenes. Para ello es necesario que se establezcan mecanismos de rendición de cuentas frente al cumplimiento e implementación de la política pública en materia de desaparición, en los que se cuente con la participación activa de las organizaciones de la sociedad civil, de los equipos forenses independientes y de los familiares de las víctimas”.  

Se estima que el 84% de los casos de desapariciones forzadas son a causa del conflicto armado pero su drama se queda en la impunidad, la invisibilidad y la tragedia de cada familia que lo padece.  Solo esperamos que esta guerra termine, que podamos llamar la atención de las autoridades responsables de combatir la impunidad y unirnos al dolor de aquellos que buscan entre escombros a sus seres queridos. Que podamos como dice bellamente el poema de Miguel Hernández:(…) escarbar la tierra con los dientes, apartar la tierra parte a parte, a dentelladas secas y calientes. (…) minar la tierra hasta encontrarte, y besarte la noble calavera y desamordazarte y regresarte…  

(Una versión corta de esta columna circuló en mis redes sociales a propósito del Día Internacional de la Desaparición Forzada) . 

COLUMNA PARA EL PERIÓDICO LA PATRIA

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