De alma máter a materia de investigación

La existencia de universidades regionales ha sido considerada, con razón, como una de las claves del desarrollo social, económico, político, cultural… y de ello son constancia las estrechas relaciones que se tejen desde hace milenios entre ciudades, regiones y academias, de lo cual son ejemplos, entre muchos otros, Atenas y las escuelas clásicas, las capitales europeas y sus universidades, Boston y sus escuelas de administración y gobierno, San Francisco y Stanford, Bucaramanga y la UIS.

La otrora llamada región del Eje Cafetero -Caldas, Quindío y Risaralda- contó con la posibilidad de tener en su territorio no una, ni dos sino tres universidades públicas, que con más de 60 años de existencia, han estado encargadas de formar profesionales para la región y el país, quienes escogieron estas universidades porque encontraron en sus facultades y cuerpos docentes, en su prestigio, las razones para ejercer sus carreras con este respaldo de rigor y seriedad.

En sus muchos años de desempeño, es probable que estas entidades académicas hayan formado miles de personas, que digo, cientos de miles, porque metodologías como la educación a distancia o la educación virtual, han permitido no solo que atiendan presencialmente miles de estudiantes por semestre, sino también a muchos quienes desde distintos municipios se inscriben en sus programas, aprovechando las bondades de estas tecnologías.

Por ello, no era de extrañar que algunos docentes de las universidades públicas -Caldas, Quindío, Tecnológica, y la UNAD- se dieran a la importante tarea de crear una red, encaminada a cumplir con la necesaria labor de desarrollar de manera coordinada proyectos, investigaciones y servicios de extensión lo que es consustancial a la academia. Este es el origen de Alma Máter, y en estos términos, la cuestión no amerita más que reconocimiento y agradecimiento a quienes concibieron y desarrollaron la idea, en los años del cambio de siglo y milenio.

La cuestión es que, en la actualidad, las múltiples menciones a Alma Máter en medio de escándalos de diversa índole, obligan a preguntar: ¿Qué pasó con los objetivos iniciales? ¿Por qué una entidad creada para generar valor, amenaza ser la causa del entierro de tercera para la academia pública regional? ¿Cuál fue la participación de las universidades en la ejecución de los contratos que están en entredicho? ¿De quién es la responsabilidad por contrataciones como la de las cartillas para la Secretaria de Educación de Bogotá, o de una presunta nómina paralela en el ICBF? ¿Cuándo, por qué y cómo se pasa de una labor de extensión a una de bolsa de empleo de entidades nacionales? 

Por ejemplo, en el caso de las cartillas, sería conveniente conocer si fueron algunos docentes o investigadores de las facultades del área pedagógica quienes hicieron el material, rechazado por diversas razones, o quién es el responsable de estos materiales. Y si no fueron los profesores de las universidades, ¿en qué quedó el propósito de fortalecerlas? 

Si bien la entidad tiene su propio cuerpo directivo, de este hacen parte los rectores de las universidades mencionadas, quienes, entre otras funciones, estaban a cargo de designar la persona que dirige la entidad. ¿Qué tienen para decir los rectores y directivos que no solo debían preservar el carácter de Alma Máter sino, con mayor cuidado aún, el prestigio de sus universidades? 

Más allá de las investigaciones que adelanten los organismos de control, la sociedad regional tiene derecho a saber qué está pasando con las universidades públicas regionales, por qué están involucradas en debates tan lamentables y cuáles son las consecuencias que tendrán las actuaciones de Alma Máter sobre el prestigio, la confiabilidad y el reconocimiento de estas universidades. Lo ameritan las miles de familias que envían a estudiar a sus hijas e hijos en estas entidades; lo requieren las empresas de la región y el país que emplean a sus profesionales y, aunque incipientemente, les contratan estudios e investigaciones; y lo exigen los millones de ciudadanos que pagan impuestos para que las universidades públicas cumplan con su labor y, por sobre todo, den siempre ejemplo de seriedad, rigor y ética.

Por eso es preciso que Alma Máter sea materia de investigación. Porque parece haber incumplido sus propósitos y los de las universidades que la integran.

Columna de opinión para el periódico La Patria

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