Cuando la voz de las mujeres se escucha. Por Carolina Prada

Las mujeres, niñas y adolescentes alrededor del mundo enfrentan distintos problemas que pasan por la desnutrición, la pobreza, maltrato intrafamiliar, violencia conyugal, inequidad social y laboral, discriminación, injusticias sociales, matrimonio infantil, esclavitud sexual y doméstica, dificultad para acceder al sistema educativo, o a crédito, entre otras, lo cual desencadena en un fenómeno que los economistas han denominado la feminización de la pobreza, que  consiste en la suma de diversos factores que influyen en el empobrecimiento material, emocional y espiritual de las mujeres alrededor del mundo.

La feminización de la pobreza no es algo exclusivo para los países subdesarrollados, incluso en los países desarrollados la situación de las mujeres no es ideal. En lo que respecta a la toma de decisiones que nos afectan a todas y todos, la voz de las mujeres es poco escuchada. De los 194 jefes de estado que existen, solo 16 son mujeres. Además ocupan únicamente el 20% de los escaños parlamentarios en todo el mundo, lo que indica que la participación política de las mujeres alrededor del mundo es preocupante, pero más alarmante es la situación de las mujeres en el mundo empresarial, donde tan sólo el 4% de los 500 principales directores generales de empresas según la revista Fortune son mujeres. En Colombia, según un estudio de Corporate Women Directors International realizado en el año 2013, sólo el 4% porciento de las 100 empresas más grandes del país son dirigidas por mujeres, un 9% se encuentran ubicadas en puestos ejecutivos y su participación en juntas directivas  es del 5%.

Las cifras no son alentadoras, y demuestran que es necesario avanzar hacia una sociedad más igualitaria, donde las mujeres dirijan más países y más empresas, y los hombres se encarguen de más hogares. Si logramos explotar los talentos y capacidades de las mujeres colombianas, seguramente el rendimiento colectivo del país mejorará. En la actualidad, en Colombia las mujeres siguen encontrado gran variedad de obstáculos en el camino para alcanzar todo su potencial. Si bien reciben más diplomas universitarios que los hombres, representan la mitad de la fuerza laboral y se desempeñan bien en sus cargos, existen diversas barreras que impiden su avance, incluyendo la discriminación, el acoso sexual, la compensación económica, los estereotipos de género, y las demandas familiares y sociales impuestas por la cultura predominantemente patriarcal en la cual vivimos, que promueve la desconfianza en la autonomía de las mujeres en un continuo intento de controlar sus vidas.

Además de las barreras impuestas por la sociedad y la cultura, las mujeres hemos creado barreras internas que son más difíciles de identificar y derrumbar. Una de estas barreras y en mi concepto la causante de gran cantidad de problemas en la mujer colombiana, es la enorme dificultad para reconocer sus capacidades, y la costumbre de adjudicar el éxito propio a otras personas y contextos, lo cual dificulta la toma de decisiones autónomas.

Esta falta de confianza en sí mismas de un gran número de mujeres, es una dificultad adquirida en el proceso de socialización. Desde pequeñas a las niñas se les premia por seguir instrucciones y ser juiciosas, se prohíbe explorar, preguntar, retarse y asumir riesgos, lo cual tiene implicaciones poco favorables en las mujeres adultas. A partir de allí hemos construido el mundo y el sistema de relaciones que nos rodea, es decir, la relación con nosotras mismas y los demás seres vivos. Lamentablemente algunas mujeres establecemos relaciones con nosotras y con los otros tanto afectivas como profesionales, a través del miedo y la desconfianza.

Esta actitud se encuentra lejos de abordar las necesidades reales de las mujeres tales como: la oportunidad de crecimiento, creación, la imaginación, la co-creación, la libertad, la dignidad, la crítica al statu quo y la posibilidad de soñar y reinventar la manera de ver el mundo y estar en él.  La cultura nos ha enseñado a pedir permiso y a temer a los riesgos, sin embargo, es necesario cambiar estas premisas y acompañar a las mujeres en el proceso de tomar riesgos, cometer errores, salir de la zona de confort y así explorar nuevas formas de relacionarnos con nuestros miedos, y construir la confianza en nuestros talentos que nos impulse a perseguir eso que tanto soñamos, o incluso permitirnos soñar nuevamente y tomar decisiones encaminadas a realizar esos sueños.

Para lograr esto es necesario un cambio de mentalidad en cada una de las mujeres colombianas, es preciso reemplazar la cultura patriarcal por una cultura del amor, la trascendencia y el respeto por la diferencia y la libertad del otro y la otra. Es urgente generar las condiciones para que cada mujer pueda reconocer sus capacidades y limitaciones, tomar decisiones que le permitan liderar su proyecto de vida y vivir una vida significativa para sí misma, de esta manera estaremos generando el cambio necesario para que la voz de las mujeres sea escuchada.

Carolina Prada Olivares

Fundadora y Directora de Casa Creativa.

Psicóloga y Máster en Psicología Clínica de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá

Nota: Opiniones de nuestros columnistas invitados no pertenecen ni reflejan necesariamente las opiniones de la Representante Ángela Robledo. 

 

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