Coequiperos por la paz

¡Lo que pasa en este país es increíble! Llevamos más de cincuenta años esperando el milagro de que se acabe una guerra entre hermanos que lo único que nos ha dejado a la mayoría es dolor y sangre, y hoy ante esa gran oportunidad y por cuenta de los pocos que viven y se alimentan de ella, estamos polarizados entre quienes trabajan y construyen paz y aquellos que abogan para que la guerra continúe y se eche a pique el Acuerdo de Paz que con tanta dificultad avanza en su primera fase de implementación y que ha significado preservar al menos 2.670 vidas, según informe del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (CERAC).
Así, mientras los buitres de la guerra amenazan con acabar y hacer trizas esta esperanza bajo los parlantes incesantes de algunos medios de comunicación, una gran mayoría de héroes anónimos trabajan incansablemente para nutrir y avanzar en una nueva oportunidad para todos y todas en este adolorida Colombia, con la idea de que se avance en la implementación y se preserve el espíritu de lo negociado con la guerrilla.

Hablo de los cientos de hombres y mujeres, organizaciones sociales, de derechos humanos, universidades, centros de pensamiento, profesores, estudiantes, artistas, parlamentarios, profesionales y trabajadores agremiados, víctimas, fundaciones, grupos, movimientos, comunidades afro, lgtbi, étnicas y campesinas, iglesias, partidos políticos, alcaldías, gobernaciones, cooperantes internacionales, funcionarios estatales, entre muchos otros, que día a día se empeñan en un esfuerzo colectivo, riguroso y sistemático para aportar a la tarea legislativa de la implementación del Acuerdo de Paz con las Farc y, a su vez, insisten en una paz completa con el Eln.

Quiero aprovechar este importante espacio que me brinda generosamente LA PATRIA para compartirles que durante estos siete años que llevo en el Congreso de la República, y aun cuando la idea de una salida política para el país era incipiente, comenzamos, desde las comisiones de paz, a insistir en que la mejor manera de preservar la vida como un bien sagrado y salir del atraso, la inequidad y la pobreza, era apostarle al fin de la guerra y la construcción de una paz estable y duradera que corriera el velo de los muchos y graves problemas que afronta la Colombia profunda.

Hoy, frente a la realidad que implica esta nueva perspectiva de la implementación del Acuerdo de Paz que no solo beneficiará a los y las desmovilizados de las Farc, sino que tiene repercusiones positivas en salvaguardar vidas, recomponer el tejido social en los territorios y tramitar los problemas de la gente más humilde en todos los rincones olvidados del país, hemos asumido junto con mis colegas del Congreso, Alirio Uribe e Iván Cepeda, entre otros, la tarea juiciosa de revisar, ajustar, proponer e incidir en iniciativas que viabilicen y empujen esta implementación a través del fast track que beneficiará al 90% de la población.

Así, hemos construido de la mano de más de trescientos grupos y organizaciones propuestas dirigidas a abordar diversos temas como el acceso y restitución de tierras, jurisdicción agraria, catastro rural, innovación agropecuaria, derecho a la alimentación, protección social para el campo, cuidado del medio ambiente, participación política, economía del cuidado; con el fin de mejorar el trámite legislativo de los proyectos que desarrollan la implementación del Acuerdo de Paz. De igual manera, avanzamos en distintas apuestas atinentes a los derechos de las víctimas del conflicto, como la reforma de la ley de víctimas, la jurisdicción especial para la paz y la consolidación de una institucionalidad que pueda impulsar las políticas públicas que efectivamente respondan a los compromisos de atención y reparación suscritos en el Acuerdo.

Nuestros esfuerzos han estado dirigidos a proponer enfoques y matices frente a la creación de instancias como el Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición, la Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas, la Comisión de la Verdad y el tratamiento especial a los miembros de la fuerza pública, entre otros, que se traduzcan en desarrollos legislativos pertinentes con el objetivo de garantizar los derechos de las víctimas y su centralidad en el Acuerdo de Paz.

Esta paz la hemos venido ganando a pulso, es nuestra, la estamos cosechando, pero requiere del apoyo decidido de más colombianos, para que dejemos atrás el pretexto de la guerra y salgan a flote los enormes problemas que la corrupción, la politiquería, la cultura mafiosa y la desidia estatal han alimentado a través de ella. ¡Vamos Buenaventura carajo! Su lucha tiene toda la justificación. Les apoyamos.

Columna para el periódico LA PATRIA

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