Ciro Angarita Ramírez, me recuerda la alegría de un niño

Decía Hannah Arendt que el nacimiento, y no la muerte, marca irremediablemente el horizonte de nuestras vidas. Nos recordaba que aun cuando vamos a morir, no hemos nacido para eso, sino para comenzar. Reflexión particularmente válida para pensar la vida y obra del maestro Ciro Angarita. Para él cada día era un nuevo comienzo, sobre todo en el último tiempo, nos traía enormes proezas cotidianas que siempre asumía con su picardía casi infantil, acompañada de reflexiones agudas, penetrantes e inteligentes. Cada mes en la Fundación Restrepo Barco nos encontrábamos para hablar sobre las niñas y los niños en Colombia; sus derechos, sueños, sus familias y la institucionalidad de soporte para su atención.

Conocí al maestro Angarita en la década de los noventa a propósito del trabajo que en torno a los derechos de las niñas y los niños desarrollábamos en el “Grupo de Reflexión de Infancia y adolescencia” convocado por la Fundación y Unicef y conformado por personas de gran trayectoria en el trabajo sobre infancia. Este grupo interdisciplinario buscaba aportar al desarrollo normativo e impulsar una cultura en torno a la defensa de los niños y niñas como “sujetos de derechos” de acuerdo a la Convención Internacional de los derechos de los niños, suscrita por casi todos los países del mundo, incluido Colombia y ratificada en el Artículo 44 de la Constitución del 91.

La Convención, además de promover una gran revolución jurídica, estableció la prevalencia de los derechos de los niños y su condición de ciudadanos en formación, lo cual planteaba una enorme transformación ética y cultural: pasar de una sociedad y de una familia concebida desde categorías adulto-céntricas y patriarcales a una que pone a los niños en el centro de la familia, concebida ésta como el primer espacio para el ejercicio de la democracia.

Nuestra Constitución del 91 lo ratificaba al señalar a la dignidad humana como principio fundamental y al reconocimiento de un conjunto de derechos humanos referidos al derecho inviolable a la vida, a la libertad y la igualdad.

Iniciamos con el maestro Angarita un trabajo para ayudar a construir la ruta para encaminar a Colombia al alcance de los niños. Nos enfocamos en impulsar un cambio cultural que permitiera enfrentar las miradas tradicionales sobre los niños como “menores a disciplinar, controlar y domesticar”. 

Escudriñando en mis notas de hace 20 años o más encontré expresiones del maestro Angarita que nos invitaba y nos retaba a repensar la niñez y la adolescencia, bajo el nuevo paradigma de ciudadanos sujetos de derecho y de deseo y en formación en el ejercicio de una protección integral en el ámbito de relaciones familiares nuevas y diversas. Este trabajo aportó al cambio de la normatividad que se vio plasmada 10 años después en la Ley 1058 del año 2006.

La creación de la Cátedra por la infancia y la adolescencia en la cual participamos Cecilio Adorna (Unicef), Carlos Tejeiro (UniAndes), Ciro Angarita, Henrique Tono, Adela Morales y yo, se materializó el anhelo del maestro Angarita de un espacio en la academia que se ocupara de los asuntos de la niñez y la adolescencia. Con la muerte inesperada de Ciro en noviembre de 1997 se consideró que la Cátedra tomara su nombre y desde esa época se renueva su legado y su presencia viva que hoy también conmemoramos. 

A pesar de los múltiples retos que afrontamos como sociedad para hacer realidad el que niñas y niños en Colombia vivan con dignidad y plenitud su niñez, muchos tienen hoy una segunda oportunidad sobre la tierra gracias a este “duendecillo travieso” -el maestro Angarita- quien con su persistencia y audacia nos invitó a la aventura de ser cocaminantes en la vida de nuestros niños y niñas. 

El maestro Ciro Angarita fue una de esas personas que, en tiempos de oscuridad, como dice Hannah Arendt “(…) tenemos el derecho de esperar cierta iluminación y que esta iluminación puede llegarnos menos de las teorías y los conceptos que de la luz incierta, titilante y a menudo débil que irradian algunos hombres y mujeres en sus vidas y sus obras, bajo casi todas las circunstancias y que se extiende sobre el lapso de tiempo que les fue dado en la tierra”.

Columna para el periódico LA PATRIA

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