Cien años de barbarie y muerte tras la explotación cauchera conmemoran hoy indígenas en el corazón del Amazonas como aporte a la Paz


“(…) Cuando desaparece toda forma de legalidad y se restablece la ley del más fuerte, inmediatamente se instauran la barbarie, el salvajismo y unos extremos de crueldad que llegan a extremos vertiginosos”, escribió Mario Vargas Llosa al referirse a la historia de Roger Casement quien fuera uno de los pioneros en documentar el genocidio indígena a causa de la explotación cauchera en la Amazonía.

La Representante a la Cámara y copresidenta de la Comisión de Paz, Ángela Robledo fue invitada por gobernadores de 22 comunidades indígenas de La Chorrera, para conmemorareste viernes 12 de octubre, un siglo de barbarie y muerte, tras la explotación a sangre y fuego del caucho que exportaba la multinacional Peruviam Amazon Company (Casa Arana) entre 1900 y 1932, como un aporte a la “reconciliación y la paz”.
 
Autoridades y líderes de los Pueblos Indígenas Uitoto, Okaina, Muinane y Bora, habitantes milenarios del Resguardo Indígena Predio Putumayo decidieron volver a pasar por la memoria las vejaciones, atropellos, torturas, asesinatos, mutilaciones y violaciones a los derechos humanos de que fueron víctimas sus comunidades que habitaron hace un siglo  la Amazonía Suramericana para cerrar un capítulo funesto de barbarie y salvajismo:  “cerrar bien el canasto de la memoria de padecimiento de nuestros padres y abuelos como aporte a la reconciliación nacional”, dice su convocatoria. 
 
“Nosotros necesitamos como sociedad volver la mirada a la historia, repensarnos, reconstruirnos y ocuparnos de que estas historias de La Vorágine que hoy repudiamos con gran indignación por crueles y despiadadas no se repitan en lo que se ha llamado la nueva colonización en la que se imponen a sangre y fuego las reglas de los más ricos y poderosos que desplazan a miles de indígenas para despojarlos de sus tierras y explotar el territorio que habitan y que posee gran riqueza ambiental y minera”, dijo Ángela Robledo 
 
Ángela Robledo aseguró que siempre estamos aprendiendo de la grandeza y generosidad de estos pueblos que hoy decidieron tras recordar la muerte de sus ancestros, acogerse a la propuesta de Paz del gobierno nacional como ellos mismos anuncian: “(…) esta será la primera iniciativa indígena que acoge la política de este gobierno de hacer memoria desde los sobrevivientes victoriosos constructores de paz y forjadores de esperanza”.
 
Ángela Robledo ha insistido en que los pueblos indígenas que son patrimonio de la humanidad son los más pobres entre los pobres y se encuentran en condiciones extremas de fragilidad, exclusión y abandono estatal. En el país, a pesar del exterminio, sobreviven  1.400.000 indígenas que representan el 3.4% de la población. Son 82 etnias reconocidas de las 120 existentes, que están en peligro de desaparecer. La Corte Constitucional ha advertido que el Pueblo Nasa del Cauca, compuesto por unos 200 mil indígenas está en grave riesgo de extinción a causa del conflicto armado y del fuego cruzado que vive el país. 
 
En las comunidades indígenas recae directamente el peso de la guerra colombiana: son víctimas de homicidios, secuestros, desapariciones, reclutamiento forzado de niños y jóvenes, minas anti personas, masacres (La Chorrera en el 2.009), amenazas y desplazamientos forzados a causa de la invasión de sus territorios ancestrales y la disputa y explotación territorial (Ver informe de Amnistía Internacional del 2009), dijo la parlamentaria.
 
La congresista ha denunciado que los pueblos indígenas están como muchos colombianos en medio de la guerra y el juego cruzado de los distintos actores del conflicto y que además de las funestas consecuencias de la guerra, las comunidades sufren la carencia de condiciones mínimas y sobreviven a condiciones injustas y evitables. Los pueblos indígenas en la más profunda miseria, no cuentan con agua potable, servicios públicos, acceso a salud, educación, vivienda…
 
Ángela Robledo denunció el año pasado que muchos niños y niñas indígenas mueren de hambre y desnutrición, a veces en las condiciones más extremas de pobreza muchos fallecen por la simple mordedura de serpiente, puesto que cuando hay suero antiofídico, no tienen al alcance una simple jeringa. Niños y jóvenes indígenas optan por enlistarse en las filas de los guerreros como una forma de suicidio colectivo frente a la falta de futuro y muchos pueblos indígenas son usados como escudos humanos en la guerra. La tasa de mortalidad de niños indígenas antes de cumplir el primer año de vida en la comunidad Emberá es de 142 por mil, en el Pueblo Awá es de 166 y 200 en el Pueblo Yukpas (Investigación de Condacop 2010).
 
“Nuestra niñez indígena presenta graves condiciones de inseguridad alimentaria y nutricional, limitaciones en el acceso a los servicios de salud, educación y cifras inadmisibles  de mortalidad infantil, considerada una  de las más altas del mundo; lo que constituye una grave situación de violación de derechos humanos fundamentales”, dijo Ángela Robledo. 
 
“La desnutrición de los niños indígenas es más del doble (7,5%) que la de los niños en el resto del país, según la Encuesta Nacional de Nutrición en Colombia (ENSIN 2010)”, aseguró la parlamentaria. De acuerdo con la ENSIN los departamentos que tienen un mayor número de niños desnutridos son La Guajira (11%), Magdalena (6,8%), Chocó (6,3%) y Amazonas (5,8%), regiones que tienen una alta población indígena. Es de anotar que el promedio nacional es de 3,4%.Cifras de Unicef (2010) muestran que la prevalencia de desnutrición crónica de niños y niñas indígenas de 0 a 59 meses es del 73%; mientras el promedio nacional esta en 8%. 
 
El evento que ha convocado unos tres mil indígenas en el corazón del Amazonas contará con la presencia de Todd Howland, Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos,  Gabriel Muyuy, Alto Consejero Presidencial para los Asuntos Indígenas, la Embajada de Gran Bretaña y las Autoridades Indígenas de La Chorrera Azicatch, entre otras personalidades.
 
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PRENSA ANGELA ROBLEDO: 3202343806/ MARGARITA SARMIENTO

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