¿Bienvenidos al futuro?

El pasado 13 de agosto se cumplieron 14 años del vil asesinato de Jaime Garzón. Al recordar tantas de sus geniales e irónicas frases, vale la pena mencionar aquella que repetía al referirse al gobierno de César Gaviria: «Colombianos, bienvenidos al oscuro». Frase elocuente que resume muy bien las promesas de cada gobierno, incluso el que está en este momento en campaña reeleccionista. Hace 23 años Gaviria nos prometía un futuro de apertura e industrialización. Hoy Santos nos promete una modernidad con TLC’s, sostenibilidades fiscales y megaproyectos agrarios. Pero lo cierto es que estamos en una realidad oscura, violenta y excluyente.

 
«Bienvenidos al oscuro» se ha traducido en importación de alimentos que se producían en Colombia y que tiene quebrados a los campesinos, en aperturas de mercados que desconocen nuestros contextos y arruinan las economías familiares lideradas sobre todo por mujeres. «Bienvenidos al oscuro» ha abierto la senda de la desigualdad y la exclusión, olvidó las utopías construidas desde nuestra tierra y se entregó a los pragmatismos y los intereses impuestos por inmensos capitales extranjeros.
 
«Bienvenidos al oscuro» ha significado asumir ciegamente los axiomas del Consenso de Washington, que nos ordenó reducir el Estado, confiar ciegamente en el mercado, en la liberalización financiera, y obedecer a una sostenibilidad fiscal que vulnera derechos fundamentales consagrados en nuestra Constitución.
 
Juan Manuel Santos y sus ministros siguen hablando de un «oscuro» venidero y lo llaman: prosperidad y modernización. Yo me pregunto ¿de qué modernización estamos hablando? ¿La modernización que aprobó una reforma tributaria que beneficia a los más ricos de este país y pone en riesgo al ICBF y al Sena? ¿La modernización que iba a reformar la justicia beneficiando a los más poderosos, olvidando a los ciudadanos y ciudadanas de a pie, permitiendo también la impunidad de los parapolíticos? ¿La modernización que no atiende un campo violentado y excluido, el más excluido de América Latina y de los más excluidos del mundo? ¿Modernización que tiene destrozadas carreteras como las del Catatumbo? ¿Modernización ante protestas nacionales que son acalladas con autoritarismo y violaciones de derechos humanos como lo denuncian centenares de ciudadanos del país? Protestas que, además, se fundan en reivindicaciones legítimas con trasfondos de pobreza y olvido histórico ¡A esta modernización yo no le juego! ¡No me inviten a ese futuro!
 
Retomando el último informe del Centro de Memoria Histórica «¡Basta Ya!» y revisando cifras del DANE y el PNUD se nota que «la modernización» del campo es el hoyo más profundo de la oscuridad: El Gini rural en Colombia es el tercero más alto del mundo: 0,88; el 1,1% de los propietarios concentra el 52,2% de la tierra; la mitad de los hogares rurales tienen al menos una Necesidad Básica Insatisfecha, en zonas urbanas este porcentaje es del 20%; del 100% de los propietarios de la tierra, el 60% son hombres, solo el 26,5% son mujeres, el 13,5% son de propiedad colectiva o son copropiedades.
 
La Colombia del futuro debe pensarse desde la inclusión y la inclusión en el campo: acceso a la tierra, para los más pobres, con apoyos estatales para hacerla productiva; cobertura, pertinencia y calidad educativa; equidad de género, ingresos salariales, acceso a la tierra, participación política, empleo decente para las mujeres; acceso a la educación superior. La Colombia del futuro y, sobre todo, la Colombia que transitará de la guerra a la paz, no puede seguir alimentando modelos de concentración y explotación irracional de la tierra, así estos despojadores de baldíos provengan de «prestantes familias colombianas».
 
La Colombia del futuro, no la del oscuro, debería escuchar las palabras del profesor e investigador caldense Arturo Escobar: «la Colombia del futuro se debe pensar de abajo hacia arriba. Hay, sin duda, requisitos básicos para ello: una redistribución radical de la tierra, una política de convivencia intercultural basada en el fortalecimiento cultural y social de las comunidades, políticas de ciencia y tecnología plurales que se surtan de los múltiples conocimientos y concepciones de vida, e infraestructuras de apoyo en cada localidad y región. Gracias a las visiones sobre la transición, lo imposible se vuelve pensable; lo pensable, realizable. Surgirá otra «Colombia», ecológica y plural, a medida que deja atrás ese llamado desarrollo que hoy la devasta».
 
Columna para el periódico La Patria

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