¿Exterminio Wayúu?

¿Exterminio Wayúu?

La Guajira es un contrasentido, una tierra majestuosa dibujada con esmero sobre paisajes inigualables, con una ubicación geoestratégica para el país y el continente, colmada de grandes riquezas mineras, petróleo, carbón, sal y que recibe a diario mil quinientos millones de pesos por transferencias del Sistema General de participación y regalías.

El departamento de la Guajira se encuentra entre los cinco con mayor población indígena, con Vaupés, Guainía, Vichada y Amazonas. Sin embargo, y sin poderla cuantificar, la Guajira tiene la riqueza de una etnia milenaria y ancestral que encarna nuestro pasado y nuestra historia y que ha sido catalogada como patrimonio inmaterial de la humanidad a punto de desaparecer, a cuenta de problemas estructurales de infraestructura y servicios públicos, pobreza, falta de agua potable, acceso a salud, vivienda y educación, que hablan del abandono y la desidia estatal. Desidia del orden nacional, departamental, municipal.

Las cifras producen indignación: el 70% de la población guajira vive en pobreza y 1 de cada 3 personas sobrevive a la indigencia. El 27% de la población tiene desnutrición crónica y los indicadores de necesidades básicas insatisfechas (NBI) son casi del 100% en la mayoría de sus municipios. Cifras oficiales (DANE) indican que la cobertura de alcantarillado no alcanza ni siquiera al 8%; 90% de la población no cuenta con agua potable, el 60% es analfabeta y la deserción escolar es del 78%.

Cabe resaltar que las pobrezas en La Guajira están arraigadas en los municipios indígenas de las llamadas Media y Alta Guajira, es decir, Dibulla, Riohacha, Manaure, Albania, Maicao, y Uribía, entre otros, donde se concentra el 79% del total de su población y el 81% de quienes viven en el área rural.

Pero lo más doloroso y dramático que he denunciado numerosas veces desde mi condición de congresista defensora de los derechos de la niñez, es que en los últimos cuatro años más de cuatro mil niños -4.125- murieron de física hambre y de enfermedades relacionadas con desnutrición y falta de agua potable: diarrea y enfermedades respiratorias; es decir, cada día mueren tres niños en La Guajira. Solo en el 2013, 1 de cada 3 niños murió. De acuerdo al Ministerio de Salud, la tasa de mortalidad materna de la región, triplica la tasa nacional.

Una cifra equiparable a la pobreza se da por cuenta de la desnutrición infantil: Mientras el 12% de los niños del país sufre desnutrición crónica, 70% de los niños y niñas guajiras padecen el mismo flagelo. En Manaure, por ejemplo, la prevalencia de anemia está en 82%, lo que duplica el promedio nacional. Cifras de Unicef (2010) muestran que la existencia de desnutrición crónica de niños y niñas indígenas de 0 a 59 meses es del 73%; mientras el promedio nacional esta en 8%, o sea nueve veces más alta.

En Colombia los pueblos indígenas son los más pobres entre los pobres, y se encuentran en condiciones extremas de fragilidad y exclusión social, son víctimas de la violencia, el abandono estatal, la corrupción local y la recortada mentalidad centralista de las políticas públicas. Los Wayuú no son la excepción, a pesar de estar sentados en enormes riquezas y cuantiosos recursos, viven prácticamente en la indigencia y poco o nada se han visto beneficiados de los casi siete billones de pesos que recibieron en los últimos doce años.

Resulta casi paradójico, inconcebible, e inmoral que mientras el pueblo se muere de sed (una persona solo necesitaría 0,7 litros de agua al día), El Cerrejón usa 17 millones de litros de agua diarios para su riego de camino.

Nuestra pregunta es: ¿Quiénes son los que están a la espera del exterminio de los Wayúu, para poder hacer uso de un subsuelo que quizá es uno de los más ricos de Colombia?

COLUMNA PARA EL PERIÓDICO LA PATRIA

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