Y el agua, ¿qué? Por: Paula Milena Franco Jaramillo

Desde hace varios días, con motivo del fenómeno del niño y de las permanentes sequías en diferentes zonas de Colombia, la cuestión del agua ha tomado una relevancia extraordinaria en el mapa nacional. Si bien, este es un tema del cual se han venido elaborando reflexiones, propuestas y  estrategias como los Pactos firmados de manera local -como el Pacto por el Agua y las Cuencas en Caldas- o acuerdos internacionales como el Pacto Global, el Pacto de Estambul – Al cual se encuentra adherido Bogotá- y de las estrategias del Gobierno Nacional como la Política Nacional para la Gestión Integral del Recurso Hídrico del SIAC del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, además de las diferentes iniciativas públicas y privadas que se vienen adelantando en el país, aún es precaria la sostenibilidad del agua en Colombia.

Cabría preguntarse porque estas cuestiones del agua, imprescindibles de pensarse tanto en clave ambiental, social, cultural y para la vida misma, han sido relegadas a un segundo plano y retoman su importancia, en sinónimo de campanazo, cuando descubrimos que se está agotando. Sin ánimo de caer en extremismos pero con la urgencia de un cambio climático en marcha, estamos en mora de pensar, definir y proponer alternativas a los diferentes significados, usos y necesidades que tiene el líquido no sólo para las comunidades de base rural y agrícola, para la vida en las ciudades, la industria y las empresas, para el gobierno y sus locomotoras del progreso y por su puesto para la creciente y explosiva industria minera. Todo ello, con miras, a proponer condiciones y políticas de Estado más equitativas, plurales y acordes a las necesidades de un presente y futuro con retos ambientales importantes para afrontar.

El pasado miércoles, el FNPI (La Fundación Nuevo Periodismo de Gabriel García Márquez) realizó un interesante seminario virtual sobre el tema, entre algunos datos relevantes y que confieren dramatismo a Colombia, mostraron indicadores de la Cepal donde explican que el 78% de la población en Colombia tiene acceso al agua potable. A partir de este indicador, cabría preguntarse qué sucede con el restante 22% de la población que aún no existe en esos mapas, además de reflexionar sobre cuáles son las condiciones reales de potabilidad del agua dadas las diversas condiciones geográficas, climáticas y culturales en los territorios de Colombia. Por ejemplo, no son las mismas condiciones del agua en Medellín que en Quibdó. Según el documento del DNP, Información Municipal para la toma de decisiones, en Quibdó (con datos al 2005), solo el 16,78% de la población en la cabecera municipal tiene servicio de acueducto. Para quienes alguna vez hemos visitado esta bonita ciudad chocoana rodeada por el Atrato, es claro que ese 16% de población se refiere al centro de la ciudad: alcaldía, gobernación, dos hoteles y algunos negocios establecidos; lo demás, la periferia, los barrios populares y no populares tienen bien implementado su sistema de abastecimiento de mangueras para las aguas lluvias. Allí, el agua potable es un lujo que casi ni entra en el sueño de los más ricos y que determina factores económicos, sociales y culturales que siguen manteniendo a esta ciudad con altos índices de pobreza.

Este ejemplo, nos permite dimensionar la urgencia de gestionar políticas sectoriales, regionales, específicas en torno al tema del agua. En general y recordando el mapa de Colombia, podríamos pensar que en el país sucede lo que en Quibdó: las poblaciones de los centros productivos de Colombia cuentan con servicios de agua potable y alcantarillado; las periferias – los demás departamentos fuera del centro del país y los municipios alejados de las cabeceras municipales-, van tejiendo redes un tanto artesanales para acceder a los acueductos veredales o a otras fuentes de agua tratada que esperan, un día, sea potable.

Otras cuestiones importantes, que no se pueden perder el panorama futuro y que afectaran directamente estas cabeceras veredales y afluentes primarios y secundarios, permiten prever, como bien lo explican estudios internacionales, que en las próximas décadas el 40% del agua potable será para uso exclusivo de la minería y que ese porcentaje aumentaría el doble la contaminación acuífera y ambiental a causa de los desechos resultados de esta explotación minera. La cual, a su vez, contamina los ríos, las comunidades y los alimentos que cosechan, los cuales terminaran enfermando silenciosamente a la nación entera.  En este caso, así como otros factores que inciden sobre el tema del agua, -seguramente cuando sea una emergencia e inminente el daño- estarán en las agendas legislativas futuras, temas relacionados con las reservas hídricas, las reservas alimentarias, los permisos de explotación de la tierra y las zonas protegidas. Fuera de un ánimo ambientalista, es real pensar que estos temas juegan un papel decisivo en el desarrollo próximo del país y que desde una perspectiva responsable, estas cuestiones incidirán directamente sobre la forma como nos configuraremos en capacidad ambiental y social instalada en consonancia con los países del primer mundo.

Por ahora y de manera más presentista, sólo nos queda pensar: y el agua ¿qué? Así como se preguntan las comunidades que viven sin ella desde hace un par de meses y en dónde las multas del gobierno nacional por el despilfarro del líquido suena a historias lejanas de un mundo, en el cual a diferencia de ellos, se dan el lujo de bañarse dos horas y pagar más caro, mientras allí se mueren sus niños, sus tierras, sus raíces. Acciones políticas tardías sin resultados visibles para unos territorios que a gritos necesitan otras soluciones permanentes, cercanas -menos pensadas para el interior del país-, y que les permita a sus habitantes mirar, esos bellísimos paisajes de tierra caliente con mayor esperanza.

 Nota: Opiniones de nuestros columnistas invitados no pertenecen ni reflejan necesariamente las opiniones de la Representante Ángela Robledo. 

Bibliografía

CONSERVATION.ORG. s.f. Bogotá protocolizó adhesión al Pacto de Estambul por el agua. Tomado el 1 de agosto de 2014 de la página web: http://www.conservation.org.co/noticias/bogota-protocolizo-adhesion-al-pacto-de-estambul-por-el-agua/

DNP. S.f. Información Municipal para la toma de decisiones. Tomado el 1 de agosto de 2014 de la página web: http://www.quibdo-choco.gov.co/apc-aa-files/32646633663332653761303031376662/PUBLICACIONES.pdf

Fnpi. 2013. Ángulos para abordar la crisis global del agua. Tomado el 31 de julio de 2014 de la página web: http://www.fnpi.org/index.php?id=3718

 

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