Si el profesor Antanas Mockus fuera Presidente

¿Qué hubiera ocurrido en nuestro país si el profesor Antanas Mockus, a quien de esta forma se refería despectivamente el entonces candidato Juan Manuel Santos, hubiera sido el actual presidente de Colombia? Esta es la pregunta que de manera reiterada me he formulado, en especial durante estas últimas semanas de indignación e incertidumbre institucional. A continuación enuncio 10 puntos que de acuerdo a los principios del Partido Verde y a la experiencia de Antanas como gobernante-educador, estarían orientando la tarea colectiva de gobierno.

Tendríamos un gobernante educador, un pedagogo anticlientelista en el poder. Se habrían ampliado las fronteras de la práctica pedagógica y fortalecido las acciones comunicativas con y hacia la ciudadanía. Ya no solo tendríamos ciudades educadoras, sino un país educador.

La educación sería el camino. Con su compañero a la Vicepresidencia, Sergio Fajardo, habrían trabajado por una Colombia, la más educada. La reforma que se hubiera propuesto habría revisado en su conjunto el sistema educativo, es decir, habríamos pensado la educación desde la cuna hasta la tumba, como dice Gabriel García Márquez. La reforma tendría en cuenta las inequidades existentes, las prioridades para transformarlas y por supuesto incorporaría un profundo análisis sobre su factibilidad financiera y el compromiso estatal.

Se habría impulsado un cambio cultural en Colombia, que permitiría superar el mayor problema nacional: la ilegalidad. La cultura ciudadana y la apuesta democrática por la formación política de ciudadanos y ciudadanas sería un hecho. La corresponsabilidad de Estado, sociedad y ciudadanía en la transformación de los intolerables de este país sería fundamental. Los jueces y maestros serían referentes éticos y actores fundamentales en esta tarea.

Se habría presentado una verdadera reforma tributaria donde las exenciones al capital y a sectores como la minería y el turismo, desaparecerían en forma gradual. De igual manera se restringirían los impuestos regresivos como el IVA y avanzaría significativamente el Estado Social de Derecho.

La Constitución del 91 sería nuestra carta de navegación. Nos habríamos atado las manos para respetarla y no la habríamos sometido «al manoseo constante» en el cual han incurrido los últimos gobiernos.

Los recursos públicos serían sagrados, muy especialmente aquellos dedicados a la niñez y a las poblaciones más vulnerables de nuestro país.

Tendríamos una relación entre el Congreso y el Gobierno diferente, sin chantajes, ni intercambios de intereses particulares. Quizá se hubieran tramitado menos leyes, pero de mayor calidad, fruto de la democracia deliberativa, es decir mejores y más convincentes argumentos de lado y lado. Se habría recogido a manera de saldo pedagógico la experiencia de Mockus con el Concejo de Bogotá. Una relación antagónica, pero a la larga transparente y productiva.

Fruto de los resultados obtenidos por tanto Antanas como por Sergio por haber trabajado con mujeres capaces y comprometidas, tendríamos seguramente un gabinete con muchas de ellas. También se habría creado el Ministerio para las Mujeres, el de las revoluciones pacíficas, para transformar las históricas inequidades.

La urna de cristal no sería un ficticio castillo de cristal. La urna estaría incrustada en cada ministerio, cada entidad y en toda acción gubernamental. Toda acción pública sería susceptible de ser filmada por una cámara. Gobernaría el país una dupla presidente-vicepresidente, ampliamente confiable.

Los derechos se tramitarían como derechos y no como favores, por lo tanto se erradicaría el clientelismo estatal, que ata a los pobres a las grandes maquinarias electorales.

Mockus no es el mesías, ni es el comisario ante el cual el país cierra los ojos y le pide resultados, sin importar los medios, como lo hizo con el anterior gobierno. A Antanas, le habríamos exigido adelantar una tarea política innovadora y efectiva, siendo coherente con los principios que siempre han orientado, su tarea política. Hubiera sido un gobernante más reflexivo y quizá mucho más lento para tomar grandes decisiones, pero también más firme a la hora de sustentarlas. El profesor Mockus encarnó una voz colectiva que expresó el sueño de vivir en una sociedad donde la vida fuera sagrada y la educación el camino. Sus ideas, sus profundas discusiones y sus propuestas éticas hoy más que nunca le hacen falta a Colombia.

Columna de opinión para el periódico La Patria

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