El trabajo justo empieza en casa

“Es muy duro cuando a uno lo humillan y le dan tratamiento casi que de esclava, como me ocurrió en otra casa en que trabajé, donde me separaban el plato, el vaso y la cuchara porque me tenían asco”. (Tomado de una entrevista realizada por la Escuela Nacional Sindical).

Me conmovieron los testimonios de mujeres que realizan trabajo doméstico y que escuchamos recientemente en una audiencia en el Congreso de la República, citada con el fin de avanzar en la igualdad de derechos de las mujeres que realizan una labor poco o nada valorada económica y socialmente: el trabajo doméstico. Por el contrario, es una actividad que en muchas ocasiones las discrimina y las excluye no solo como trabajadoras, sino como seres humanos. 

Saber que hoy en plena postmodernidad a estas mujeres las maltratan física y verbalmente, no les pagan lo justo, las explotan y les sobrecargan en jornadas de más de 14 o 16 horas, que les roban su salario, las discriminan y les niegan la comida, que duermen con el perro, que comen sobras en la cocina detrás de la lavadora, que las excluyen por su color de piel y ni siquiera les llaman por el nombre, es francamente inaceptable, intolerable.
De las más de 720.000 trabajadoras domésticas que registran las pocas estadísticas existentes, se estima que apenas unas 8.000, cuentan con contrato de trabajo escrito, de igual forma la protección social y las garantías laborales son una excepción. Solo 110.000 de ellas cuentan hoy con alguna seguridad social.

En Colombia el trabajo doméstico está signado por la exclusión y la desigualdad sumado a la desventaja que quienes lo ejercen son en su mayoría mujeres y niñas en situación de vulnerabilidad, víctimas del conflicto armado, que han sufrido desplazamiento, violencia sexual y ausencia de oportunidades en la garantía de sus derechos más fundamentales como el acceso a salud, educación y vivienda, entre otros.

La Corte Constitucional ha reconocido en la sentencia C-871 del año anterior, emitida por la magistrada María Victoria Calle, que : “(…) esa percepción del trabajo doméstico refleja y perpetúa la discriminación histórica de la mujer en el seno del hogar, a la vez que oculta la diversidad de funciones propias del trabajo doméstico (…)”.

Por esta y otras razones junto con mis colegas congresistas Angélica Lozano y Claudia López propusimos que se les reconozca a las trabajadoras domésticas, una prima de servicios, a través del Proyecto de Ley 199 de 2015/Cámara, cuyo objeto es “garantizar y reconocer el acceso en condiciones de universalidad el derecho prestacional de pago de prima de servicios para las trabajadoras y los trabajadores domésticos”, proyecto que recoge la mencionada sentencia y que insta al Congreso de la República y al Gobierno a avanzar en el reconocimiento de esta desigualdad y tomar las medidas del caso para que las personas que prestan servicio doméstico gocen de los mismos derechos que los demás trabajadores en condiciones dignas y justas. Tal y como lo establece el Convenio 189 de la OIT, sobre las condiciones para realizar un trabajo decente, suscrito en 2011 y ratificado por Colombia en la pasada legislatura.

Prácticamente en lo formal, las empleadas domésticas tienen hoy en el papel, los mismos derechos que cualquier trabajador colombiano, solo falta que lo escrito se cumpla y que el Ministerio del Trabajo gestione su formalización laboral y tome medidas efectivas de protección, acceso a la justicia y eliminación de la violencia y la discriminación en contra de ellas. Ya que no es menor el aporte del cuidado a la economía del país: 20% del PIB, o sea 120.000 millones de pesos, solo teniendo en cuenta el trabajo doméstico no remunerado. 

Son muchas las mujeres que nos han acompañado en el cuidado de nuestras hijas e hijos, de los enfermos, de los viejos. Muchas de ellas comparten cotidianamente nuestro mundo y a muchas de nosotras, en especial a las mujeres, nos apoyan para que podamos asumir otras responsabilidades en el mundo. Es hora de reconocer la dignidad del trabajo doméstico y lo podemos hacer ya. La justicia laboral, arranca por casa.

COLUMNA PARA EL PERIÓDICO LA PATRIA

 

 

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