El inhumano negocio de la salud

En Colombia suelen convertir los derechos en favores. Así ocurre con la educación, con la salud, con la justicia, con el trabajo, con la vida y con la libertad. En ese contexto perverso, el diagnóstico sobre el modelo de salud es de público conocimiento: el actual sistema es un paciente que no presenta signos de recuperación; se encuentra en cuidados intensivos, víctima de una grave enfermedad: la corrupción, la ineficiencia y la intermediación financiera de las Empresas Promotoras de Salud.

Lo más doloroso del asunto es que los gobiernos de turno no han atacado las causas de este sufrimiento, aunque la gente pida a gritos que la atiendan. Ningún presidente se pellizca cuando muchas personas mueren esperando una cita médica; no se pronuncian cuando hay ‘paseos de la muerte’; no parecen preocuparse por las cifras de mortalidad, ni por la desnutrición infantil; no exigen la atención prioritaria de las mujeres embarazadas, muchas de las cuales mueren dando a luz a sus hijos; no garantizan verdaderas políticas públicas de promoción y prevención. Es intolerable. Más aún cuando se sabe que el sistema de salud terminó cooptado por los carruseles de contratos . El pacto conocido como el «Consenso de Acemi», en el cual en un fraudulento acuerdo un grupo de EPS , como lo denunció hace algún tiempo La silla vacía, se pusieron de acuerdo para » negar de manera concertada y deliberada servicios de salud a las que estaban obligadas; intercambiaron información con sus competidores con el fin de fijar de manera indirecta el precio del servicio de aseguramiento en salud o Upc…» de esta manera lograron aumentan de forma desmesurada los recobros al Fosyga e intervenir en el valor de la Unidad por Capitación, Upc.

Estos carteles también impusieron a su antojo los precios de los medicamentos, aumentándolos hasta en un 240%, lo que nos ubica en el deshonroso primer lugar de los países con los medicamentos más caros del mundo, por encima de Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Australia y Canadá. No quedando satisfechos, las redes de corrupción se inventaron una larga y fraudulenta lista de pacientes, tutelas, recobros, empresas de garaje y procedimientos falsos, que quebraron al sistema de salud. ¿Qué espera la justicia para investigar y condenar a los responsables de convertir la vida en mercancía? ¿Hasta cuándo seguiremos siendo víctimas de sus inhumanos negocios?

Como si fuera poco, en este país la salud depende del estrato y del poder adquisitivo, donde los pobres terminan condenados al Sisbén, vía el llamado régimen subsidiado de salud. Nos tratan como si fuéramos un simple puñado de clientes, olvidándose de lo que significan los pacientes con derechos. ¿Acaso nuestra vida depende de nuestra capacidad económica?

Son estos males los que pretendemos atacar con el proyecto alternativo de ley ordinaria de reforma a la salud, que radicamos con la Alianza Nacional por un Nuevo Modelo de Salud (ANSA), con el apoyo de diferentes representantes de partidos políticos, sindicatos, organizaciones sociales, gremiales, médicas, académicas y de la sociedad civil. Porque el remedio del sistema de salud no puede ser un simple paño de agua tibia, como pretende el Gobierno Nacional con su proyecto, el cual deja vivas las EPS , con un nuevo nombre: gestoras en salud. Nuestro proyecto alternativo establece que la salud es un derecho fundamental; elimina las EPS y diseña mecanismos de tal manera que el acceso a los servicios de la salud, se provea directamente en el lugar donde residimos o trabajamos ; desaparece la integración vertical entre EPS e IPS, uno de los factores de mayor corrupción entre la EPS . SaludCoop, por ejemplo, demostró lo que podía hacerse con la integración, hasta hoteles y canchas de golf entraron en su negocio. Además, nuestro proyecto rescata el valor de lo público, dignifica el trabajo de l@s emplead@s del sector y fortalece el papel del Estado en la protección de la salud y la vida.

Con ese propósito salimos a marchar el pasado 30 de mayo en Bogotá, donde defendimos pacíficamente nuestro derecho a una vida en dignidad. Miles de indignados saltamos a las calles a manifestarle públicamente al Ministro que ya nos cansamos de tener acceso a la salud a punta de tutelas. Basta ya de tanto Ibuprofeno.

Columna para el periódico La Patria

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