Descanse en paz, la guerra

Descanse en paz, la guerra

Por fin podemos hablar en pasado, mi país vivió la guerra. Casi 100 años de guerras que parecían interminables, pasamos del siglo xix al siglo xx en medio guerra de los mil días y del siglo xx al siglo xxi en medio de las guerras de guerrillas y paramilitarismo, literalmente 100 años de soledad y de horror. Para estos días asistimos quizá a los últimos estertores de este conflicto entre hermanos, agoniza la macabra máquina de producción de víctimas, miedo y dolor. Cesan las “organizaciones para la matanza” como las llama el filósofo Michel Serres. No logramos imaginarlo nunca, siempre insistimos que era posible, que otras naciones del mundo lo habían logrado, pero sucedió lo esperado, en un acto solemne los representantes de los guerreros anunciaban al mundo que en Colombia ese era el último día de la guerra. Y lo creímos, lo sentimos, lo pensamos: desde el llanto hasta la sonrisa, desde la preocupación hasta la certeza.

Y ¿cómo no desear el fin de la guerra? Por décadas hemos visto desangrar generaciones completas, potencia vital de mujeres y hombres, desperdiciando la posibilidad de estar empujando la nación hacia la búsqueda de una paz con justicia social, la perdíamos en el campo de batalla. Nunca olvidaremos las heridas que nos dejó esta guerra, lamentamos que entre 1958 a 2012 perdimos 218.094 personas a causa del conflicto armado, sólo el 19% eran combatientes, el restante fueron civiles, campesinos, indígenas, comunidades afros; 1.982 casos de masacres entre 1985 a 2012, produjeron 11.751 víctimas, las cuales se perpetraron en más de 500 municipios; 27.000 secuestros entre 1996 y 2005 y más de 10.000 afectados por minas antipersonas. Para el Centro de Memoria Histórica el conflicto nos dejó 25.007 desapariciones forzadas; más de 10 millones de víctimas producto del desplazamiento forzado. Interno y transnacional.

Favorablemente la nación y el mundo vienen comprendiendo que este conflicto armado no puede continuar. Desde hace 4 años venimos viviendo un proceso de desescalamiento de la confrontación, aliviando la vida de las comunidades y principales víctimas de las confrontaciones. La acertada decisión de las FARC de empezar a declarar cese al fuego unilateral nos ha llevado casi al punto cero de la guerra, como consecuencia tenemos por ejemplo que en 2012 se presentaron 89.100 personas expulsadas por desplazamiento forzado, en 2015 en momentos del cese unilateral al fuego se dieron 2.841, menos del 97%; en lo que llevamos del 2016. El Centro de Recursos para análisis del conflicto – CERAC- ha informado que sólo se han presentado 10 acciones armadas por parte de las FARC y 20 choques con la Fuerza Pública “ la menor intensidad del conflicto en su historia”. Las cifras son contundentes, la guerra se agota, con el cese bilateral declarado el 23 de junio llegaremos a cero.

Con el fin de la guerra entre el Estado y las FARC se logra dar cierre a un eje central de la violencia en Colombia, pero no el único. Queda pendiente que se avance en el diálogo, para un paz completa, con el ELN. Como sociedad debemos reforzar esfuerzos para que las partes logren estar a tono al momento y lleguen a acuerdos. También queda pendiente resolver todo las redes criminales y de violencia que producen las Bandas de Narcotráfico y los nuevos paramilitares.

Ante todo, la noticia del 23 de junio desdela Habana es la mejor noticia para Colombia de lo que llevamos del siglo XXI. La nación ha estado ensordecida por el ruido que producen las bombas y las balas; cesar el fuego es similar a cesar la horrible noche. Con este cese tenemos una grandiosa oportunidad para profundizar la democracia en medio de la deliberación, el debate, el conflicto pero sin armas. La tarea será nunca más armas en la política ni de los ejércitos insurgentes, ni del Estado colombiano. Esta salida negociada significa una salida política y digna para la guerrilla de las Farc-ep y para el gobierno la oportunidad de ocuparse de los verdaderos problemas de un país fragmentado, desigual donde campea la corrupción y el clientelismo. Será también nuestra tarea atender lo verdaderamente importante, las causas estructurales y simbólicas que reproducen y legitiman la violencia.

Por todas, por todos, por todo lo que fue, pero sobre todo por lo que viene: ¡QUE DESCANSE EN PAZ, LA GUERRA!

COLUMNA PARA EL PERIÓDICO LA PATRIA

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